in cordibus nostrum -poemas de amor-
Miro al mañana
Miro al mañana
pensando que en algún momento
regresarás.
que esta casa del terror en
la que me vivo cada momento,
desaparecerá.
mi cerebro en duelo, así, usa
el auto-engaño para sobrellevar los días.
Pero mi yo consciente
sabe,
sabe de verdad.
sabe que solo puedo buscarte
en mi aplastado y a la vez lleno de amor,
querido corazón.
sabe que necesito abrir y despejar mi mente destruida
para que los recuerdos sigan llegando y permanezcan
vivos.
Tan vivos como si estuvieras aquí presente.
Cerrando los ojos, y pareciera que te huelo y te oigo.
Doy gracias de poder.
Mi mente sabe que es muy bien vivir
más de noche que de día, para que en mis sueños pueda olerte, hablarte, tocarte
y también escucharte.
Viajar en el astral donde ya
sí que la experiencia es sublime.
Pues ahí te encuentro, te encuentro a ti.
Estás.
Sabe que desplegar mis sentidos es de vital necesidad
para activar mi percepción extrasensorial
y, así,
pueda sentirte conmigo estando despierta,
como una brisa cálida y fuerte.
Sabe que el silencio y la
soledad son abono para el salto cuántico de mi conciencia.
Sabe.
Sabe que necesito validarme
para que la vergüenza dé paso a la autenticidad oculta,
y el miedo se convierta en
libertad pura.
Pues Volar implica,
irremediablemente, dejar atrás.
Dejar atrás quién fui, como si fuera
uno de tus juguetes que se transforma en pocos movimientos en otro
objeto, más evolucionado.
Así, como una transformer.
Así, ocurre sin intencionarlo.
Solo ocurre.
Mamá transformed.
El vacío de la ausencia ahoga.
El vacío por un hijo es
inevitable, te conforma, no hay escapatoria. Un hijo forma parte de ti.
El vacío crea un hueco. Un hueco que, si no lleno con estimulos ajenos, se llena de mi.
de una mí-Noe
nueva. Una mi-Noe que estaba esperando salir.
Ahora, puedo apreciar los
mensajes sutiles que envías desde diferentes seres y situaciones.
Ahora, y con el desgarrador dolor, sé. que somos como títeres. Pero no son cuerdas lo que nos mueven: son nuestros hilos energéticos de Amor. Se crea un puente: un puente de Luz. Tu a un lado, yo al otro.
Así, se suaviza mi continuidad en este plano.
y si el dolor me ciega,
no
debo olvidarlo.
Escribo para recordarlo.
Escribo para que mi corazón reviva cada vez que muere al día.
Amor, amoreto, amorillo.
Cochifritito, mi ratón, corazón.
Pablo and mama always
together in this eternal trip.
Cada vez que un niño muere
Cada vez que un niño muere
muchos corazones se apagan.
Las miradas mojadas y grises
de pulmones colapsados de dolor.
La injusticia roja asoma
como una fuerza que nos impulsa
hacia la búsqueda de respuestas.
Que,
Me temo, no vendrán de afuera.
Sé que vendrán de adentro.
¿Quién puede responder a tal acontecimiento?
Será un arduo viaje continuo de dolor interior
donde, con suerte,
hallaremos las pistas de nuestras Almas.
Las nuestras y las de nuestros hijes.
Y donde,
con menos suerte,
nos dejaremos ir, con las fuerzas por los suelos, desesperadas de aguantar,
hacia un destino inevitable.
¿Cuánto duraremos?
La respuesta se la llevó el viento.
Andaremos por el umbral de la muerte
Locas, descalzas y llenas de sangre en las manos.
Y, si, finalmente,
encontramos la llave,
abriremos el Umbral.
Ese Umbral.
Cruzaremos un Puente.
El que nos devuelve hacia in cordibus nostris - nuestros corazones.
ahora transformados, operados y cicatrizados.
y sí, repletitos de Amor Materno.
Ese Amor que solo sale a grandes chorros
en la Ausencia del Amado.
Ese.
Tu sabes.
Ya no hay condiciones.
Cuán duro también es el camino
de nuestras compañías que nos quieren.
A nosotras y a nuestros hijes.
Madres, amigas, amantes, vecinos, personas supuestamente desconocidas demasiado conocidas, niñas, espontáneos, monjas, maestras, hermanas, hermanos, abuelas, parejas.
Que no saben a veces qué hacer,
y sí saben, sin embargo, hacernos presentes en sus corazones.
Con Amor,
Noemí


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