Una historia de amor a lo loco

 

Perdi un hijo pequeño, con lo que esto a tantos niveles internos supone, pero también, perdí al Amor de mi vida. Son 2 gigantes duelos vividos a la par.  Me atrevo a decir que 2 de los más dolorosos para un ser humano. 

JUNTOS. 

Pues más que un hijo, desde muy pronto, supe que Pablo era algo más. Sentía que con Pablo no había problemas. era una complicidad nivel dios. Exactamente Dios. 

Los conflictos eran fluidos. Cuando me ponía a prueba en algo, que tb lo hacía, comprendía lo que había escondido en la sombra. Pues comprendía con mi corazón que mi hijo no había venido a molestarme intencionadamente, sino que o bien tenía unas necesidades diferentes a las mías, o bien lo que estaba haciendo era retándome a algo nuevo. A nivel sistémico, las hijas e hijos venimos con esto: a retar a nuestras madres a evolucionar porque es algo de nuestra especie. El ADN necesita mejorarse generación tras generación, se crea un nuevo molde "mejor" que el anterior. Esto yo lo tenía muy claro en mi mente por mis formaciones pero también en mi experiencia como hija. Entonces, me preguntaba: ¿qué me quiere decir si no deja de llorar en un trayecto entero? ¿quiero ir realmente yo a ese lugar? Lo descubría probando. En este ejemplo, parar a medio camino, me hizo sentir liviandad. y no porque dejara de llorar: sino porque adentro, respiraba tranquila. Me daba cuenta que me había obligado a cumplir con alguien. y quizás ya lo sabía antes de salir, pero el cumplir con los demás ANTES que conmigo me impedía priorizarme. ¿por qué? porque el MIEDO a defraudar al otro o el miedo a ser excluida (entre otros) eran más importantes que cualquier otra cosa. Pablo me decía que mirara para mí. En cada conflicto, con las comprobaciones en él y en mí, fuimos fortaleciendo nuestro vínculo. 

La intimidad crecía y la complicidad más. Yo iba sanando a mi niña interior herida para que él no repitiera mis dificultades y para que él fuera auténticamente él. Para que él no viera en mi lo que yo no quería para él. Para que su molde fuera medianamente coherente.

La conexión era un flujo creativo como un fuego que se expandía hasta que el cansancio o algunos planes nos lo paraban. 

Sabia lo que le pasaba sin preguntarle apenas: había un poder telepático muy fuerte entre nosotras. Es lo que ahora me permite seguir sintiendo a Pablo y comprender un lenguaje simbólico y energético que desconocía. Ahora tras su marcha física es cuando he sabido lo que en el fondo Pablo era y es para mí.

Pablo es mi complemento. Mi masculino. Yo su femenino. Y juntas, nos complementábamos. Yo aprendía de él, sí. Y él de mí. Pablo expresó su femenino en todas sus facetas: a la hora de andar, caminar, hablar. Pablo venía con su masculino ya asentado y expresó su femenino. Yo era un femenino con patas cuando él llegó: el amor, los cuidados, la fluidez, las emociones, la creatividad. Un poco también empequeñecida. En parte desconectada de mi poder personal. Cuando llegó conecté verdaderamente a validar mi masculino: mi determinación, mi capacidad de tomar decisiones, validé mi rabia y la hice mi amiga. 

Aquí es donde sigo, donde Pablo me ha dejado tareas. Pues la vida no para. La Vida, a pesar de este desastre, me sigue proponiendo y confrontando con retos emocionales que tienen que ver con el conflicto ajeno y los límites. 

Somos llamas gemelas. Y es que parece ser que cuando emanamos de la fuente universal, nuestra chispa divina se divide en 2: un masculino y un femenino. Tenemos a nuestro otro YO en algún lugar del planeta o de otros planos. Y cuando te encuentras con él, sientes volar. Todo lo demás se deshace, el sufrimiento se disipa. Así como lo muestran mis ojos en la foto. Unos ojos que ahora miro y tanto anhelo de tener. Pues ahí estaba Pablo sosteniendo y generando aquello. 

Ahora Él me cuenta que me cuida el a mi, en vez de yo a él. 


Amamos a lo loco.

Sin horas, sin tiempos.

No había reloj, y pocas rutinas.

No me sentía muy mal por ser una madre que fluía y no estaba muy atenta de los horarios. 

Era tal el disfrute y el flujo de energía en el que nos metíamos que nada podía pararlo.

Pablo quería estar con Mamá. y mamá con pablo.

Te dormías a las 23 h, como yo. 

Vivíamos en nuestro propio reloj.

Y no lo forcé: sabía que así era como tenía que ser.

Trataba de buscarme y cuidarme mientras te cuidaba a ti.

Los límites estaban, y también la naturalidad. 

Pues si estaba cansada me tumbaba. Y si estaba triste, lloraba. Y si estaba enfadada te lo decía.

Si necesitaba respirar también y te contaba mis necesidades siendo un bebé muy pequeñito.

Y tú conmigo, en la teta. 

Pasado el momento, otra cosa regresaba.

Fue magia conseguirlo.

Nos pasamos pegados casi 2 años enteros.

A veces se me hacía eterno, pues criar sin parar y sin ayudas ni de un otro igual era una locura.

Pero en el fondo, no importaba. 

Los ratos juntas nutrían mi corazón a un nivel que solo ahora conozco de veras cuando lo he perdido.

Yo solo quería ayuda logística, pues para estar con Pablo, ya estaba yo.

Ratos infinitos en los parques, pintando, en el jardín, manchándonos la ropa, paseando, haciendo la compra.

Crié sola, me lo gestioné sola, hasta la duda más tonta.

Pablo Ocupaba todos los rincones de mi vida emocional, social y también práctica.

Por eso ahora lo práctico y lo social es terriblemente incapacitante para mí.

Esto fue duro y muy solitario, y también un empoderamiento propio y una intimidad enorme.

Corríamos aventuras solas desde muy bebé como montar en autobús, tren y avión. 

Insisto que, sola, sabiendo que no va a haber nadie cuando llegues a casa. 

Ni hoy, ni en 100 días. 

Fue un fuerte desafío.

Corazón, cuántas cosas vivimos juntas.

Comíamos chuches y choco, también. No siempre, pero sí un poco.

Íbamos a la pisci, a jugar y aprender a mover tu cuerpo.

Amabas la bañera y que yo me metiera.

El tambú sonaba a lo loco por la casa.

Cuando nos cambiamos de casa,

fue una nueva era.

Pasábamos un poco menos rato juntas, pero me dejaba los martes enteros para ti.

La bici fue la protagonista de esta etapa. La bici y los cuentos.

Los ratos en las bibliotecas.

Tus garabatos por los suelos, paredes y mis libros.

El pintalabios dejando huella en los muebles. Eras pintor, corazón.

La protagonista fue la plasti, horas y horas haciendo formas juntas. Mañanas y noches.

La tigresa y el tigrito, y las capas voladoras.

El ritual de los animales. 

Los cojines y las casas de cojines o de cualquier otro material, como los armarios!

Nuestros ratos en el río, desnudos. chapoteando y haciendo picnic.

Siempre picnic: fuera martes o domingos.

Nuestras comidas fuera.

Nuestras carreras y pilla-pilla y los cantos a las mariposas.

Los desayunos con canciones y con juegos.

La tetita: siempre tetita.

Ir a ver a la bisa.

O ir a casa de Lía u Olivia.

Lo social comenzó a entrar en tu vida.

A veces nos costaba separarnos. A veces retrasaba mis cosas por ti. Muchas cancelaba cosas. Otras no podía.

La vida apretaba intenso por otros lados.

La separación fue paulatina y amable. 

Hasta que llegó la FINAL.

Sin avisar y dejándome completamente sangrando.

Jamás lo creí posible: aún, tengo bastantes ratos de mucha incredulidad y resistencias a asumir la dura realidad.

He podido transitar la prueba de fe de comprobar a cada instante que ahora estás de otra forma. Que la muerte solo es una separación momentánea.

Ahora ya sé, que estás. Me lo has demostrado. 

No es suficiente para mí, pero al menos, es algo. 

Algo muy relevante para mi continuidad cuerda aquí en este plano. 

Mis dones van expresándose más gracias a la estrecha conexión energética que existe entre nosotras, y gracias al avance en mi consciencia con la muerte. 

Así, en este tiempo de duelo gracias a tus señales, los mensajes de mis sueños y los viajes astrales me han contado que, nuestro amor y nuestra conexión...

Somos como Dumbo y su mamá. Una pena y un dolor sin límites les invadía al separarse. Como cuando fuimos a ver la función al teatro.

Somos como el Principito y su Rosa. Por la que el principito se preocupa, riega, y hasta da su vida.

Somos como Jack y Rose de Titanic. Un amor repentino, rápido, divertido y empoderador. Literal: el agua les separa, pero Rose sigue adelante hasta que vuelve a reunirse con Jack.

Somos como Cásper y la adolescente. Un entendimiento y una conexión más allá de lo material.

Somos Peter y Wendy. Tú, literalmente, vuelas y te adentras en los sueños de los niñes que te rodean. Yo vuelo a veces contigo cuando mi cuerpo descansa, y cuidaré algún día a los niños perdidos...

Ahora sigo jugando. Incluso en mi nuevo hogar. Incluso aunque a veces el dolor y el cansancio son tan grandes que no puedo. Pero lo intento. Quiero estar contigo a lo loco.

Cojo la plasti.

Compro cuentos nuevos.

Hago construcciones con tus piezas.

Pinto tu rostro en un papel.

Dibujo mandalas contigo.

Monto en una bici que me han dejado y escucho tu voz adentro.

Como moras para ti.

y relleno tu bibe de avena para dormir.

doy de comer a los animales, cosa que antes no hacía.

Y comprendo el canto de los pájaros.

y así, así, nuestros recuerdos te hacen vivo.

y así, así, me cuentas cosas nuevas.

y así, así, los impulsos que tengo no vienen de mí. vienen de ti. pues yo qué sabría.

y así, así, en mis sueños me recuerdas tus juegos y aquello que anhelas.

y así, así, sigues vivo en mí.

y así, así, somos uno.

tengo una identidad nueva, de la que tú formas parte ahora de forma muy profunda.

Pues miro mis ojos de niña, y te veo. Te veo de verdad. 

Tanto que, cuando la encontré, no pude dejar de impactarme y llorar.

Has vuelto a casa.

has vuelto a mi útero.

Por siempre, eternos.

en nuestro viaje universal.



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