Reinventarme.
Reinventarme en medio de la total destrucción.
La total destrucción de Mí misma.
Cuando te haces madre, y dejas atrás la persona que eras, transitas la crianza creándote a tí misma mientras creas a otro ser. Doble trabajo. Ya no eres la misma de antes, pero aún no sabes quién es la nueva tú. Estás en destrucción y creación a la vez. Una etapa ardua y dolorosa, a la par que el Amor te llena el Alma.
Ahí estaba.
Cuando comenzaba a vislumbrar luces nuevas y comenzaba a conocerme como un ser más individual de Pablo, zas. Todo se destruye. 3 años y 9 meses de creación. Unos instantes que me destruyeron. Muchos meses de destrucción continua. Donde sigo.
Curioso simbolismo de mi hijo que, cuando empezaba a separarse de mí un poco más, marchó. Marchó del todo. Sin medias tintas. Yo que he desplegado estos años la mirada simbólica, gracias al cielo y a estar con Pablo (pues son las niñas quienes la tienen activa) tomo nota con subrayador amarillo del simbolismo.
Sabes,
Me quedé muda.
Me quedé ciega.
Me quedé inmóvil.
Me quedé sorda.
Me quedé muerta.
Me lo permití.
Pues ¿qué más había en esta vida que me importara?
Nada.
Por eso me lo permití.
Lo solté todo.
Hasta mi personaje.
Morí.
Me rendí.
Anduve por el desierto.
Y recalco que, como me lo permití,
Renací.
Ey, renací de veras.
No sé, "algo" se apoderó de mí.
Comencé a decir sin tapujos y con tranquilidad lo que pensaba.
Comencé a ver más allá de lo visible. Lo invisible se convirtió en mi chute de medicina para seguir viva, pues, desarrollé un sentido extrasensorial.
Comencé a correr y a expresar mi Ira. Jamás lo había hecho de una manera tan visceral. Los barrancos, las piedras y los pinares se han convertido en mis aliados. Como una loba que le quitan a su cachorro: así soy.
Afiné mis oídos. Escuchaba voces que ni siquiera hablaban en alto. Conecté con las voces de nuestra alma.
Estaba más viva que nunca, sintiendo a flor de piel, disfrutando de detalles ínfimos como mirar los colores de una flor, viviendo cada instante como el último. Sé que esto es en parte a que, en unos minutos, yo me sentí morir literalmente aquel 5 de julio. Y ALGO revivió en mí.
Así, voy y vengo cada día.
Pablo, es, el principal FUEL de mi motor interno, de mi revivir. Nuestro vínculo sigue muy vivo, de aquí la Vida que me habita. Para ello, yo tengo que afinar mis sentidos. Y a veces, cuando el sufrimiento no me deja continuar despierta y viva, y me quedo muda ciega sorda e inerte, casi como la canción de shakira, ya se encarga él y el universo de activarme. ¿Cómo? Pues hay días que me quiero morir y no deja de llamarme al teléfono gente. No whatsapp, llamadas. Insisten. Tambien WhatsApp. De personas que ni me imaginaba. Otros que como aquel camión que aparcó a mi lado, mientras yo estaba lamentándome y hecha polvo, giré mi cabeza y leí: "Ángel de la Guarda". Como aquel día que, negada totalmente a continuar, parada en una gasolinera con mi madre y mi hermano, gritando y mirando a la Nada, comenzó a sonar en la radio espontáneamente la canción de Amaia de la Oreja de Van Gogh "como dijo aquel genio esta vida es un sueño, y soñareeee". Sonaba tan tan fuerte, y mi madre cada vez la subía más, y más, que, una corriente de energía se apoderó de mi. Pues la he cantado de adolescente millones de veces, y regrese a esos momentos. El mensaje me caló hondo, acertó con mi interior, pues llevaba tiempo sintiendo que estamos más despiertos cuando soñamos y preguntándome verdaderamente si no es la vigilia el verdadero sueño. Hay otros días que un pájaro blanco me llama con su pico en la ventana de la sala de juegos, y si me voy de la sala, viene a picarme al cristal del salón, y así sigue el ciclo, sin parar de picar el cristal. Y yo sé. El pájaro, mensajero del cielo.
Recoloqué mi casa para poder entrar. Lo hice con valentía, mimo, paciencia y flores. Lo hice gracias al Amor por mi Hijo. Necesité regresar a mi hogar varios meses después. Me estaba volviendo loca fuera de las paredes que nos cobijaron y donde cultivé el Amor verdadero. Decidí que no quería enfermar. Fue una decisión consciente. Lo hice con Pausa y Respeto por mi Dolor y Sufrimiento tan intensos. Estuve muy acompañada.
Dormí en diferentes sitios de la casa. Moví muebles.
La decoré de nuevo. Compré cosas lindas, como a mí me gusta. La armonía en los espacios es esencial para mi bienestar. Me puse la excusa de hacer mis sesiones en el salón. Así, comencé a cuidar mi casa de nuevo. Es una pequeña obligación para mi mente cansada y destruida.
Quité juguetes, añadí juguetes guardados, y he comprado juguetes nuevos. Algunos, me los he encontrado caminando. Y yo que, leo simbólico, sé quién los manda.
Pinté cuadros. Volví a ser la niña de 10 años que pintaba sin parar. La he rescatado.
Me puse flores. De muchos colores. Me las regalan, y las recolecto cuando tengo ganas.
Dormí acompañada todos los días. Dormí sola algún día y acompañada otros. Dejé de dormir en mi casa, la ansiedad me ahogaba. Volví. Dormí sola muchos días.
Varios meses más tarde, casi la casa está tal y como estaba. Hay alguna cosa que no he podido dejar igual, y tampoco sé si quiero. Me duele el alma. Y además, reinventarse lleva incluido una dosis de novedad. Soy nueva.
A cada momento el dolor sigue apretando bien intenso. Y a la vez, a cada momento, mi balsa de sostén del dolor es más grande y sólida.
Y esto es porque he estado a solas con mi dolor. Nos estamos haciendo íntimas.
Dicen que el ave fénix renace de sus cenizas.
Yo, lo compruebo cada día.
Pues a cada momento me quedo muda, ciega, sorda, inerte y muerta. Ando por un desierto donde el silencio es ensordecedor y el dolor impasible.
Y a cada momento alzo la voz, veo con nitidez, escucho con claridad, me siento presente y despierta y vivo en varias dimensiones.
Descubro, en mi propia piel, que la vida y la muerte no van de estados permanentes.
Me doy cuenta que, la vida, es la muerte.
Y que tras la muerte, hay vida.


Comentarios
Publicar un comentario