Una herida a Mi Instinto

La ira sana y el Instinto

Quizás resulte fuerte leer la palabra matar. ¿Cuántas veces has dicho "le quiero matarrr"? Refiriendote a alguien que te ha hecho daño. Apuesto que te ha podido ocurrir. Con mis palabras quiero mostrar lo auténtico que vive en mí. Que lo sienta, no significa que lo haga, es decir, que me dirija a la acción. Significa lo que vive en una madre herida. Ahora el propósito es ver qué hago/hacemos con la ira que con su agresividad nos habita. Cuando ésta crece al recibir un daño exterior. Cómo la canalizamos sin hacernos daño, ni a nosotras ni hacia afuera. Pues la ira es una emoción muy útil. Tiene fuerza. Ahora bien, tiene que salir primero fisicamente para que sea constructiva. Y no destructiva. 

¿Cómo es esto? Me voy al bosque. Tiro piedras. Algunas pequeñas, otras bien grandes. Rompo troncos. Pego con cojines. Grito en lugares inhabitados. Tiro objetos o restos de naturaleza al río. Rajo un colchón de goma espuma. Araño el suelo. Escalo. Corro. Todo cuando mi cansancio me deja. Después, me siento con más energía. Me da fuerza un rato. Ahora sí, puedo usar esta energía y fuerza para poner límites de forma sana hacia lo que me ha hecho daño o no me sienta bien. Puedo expresarme respetando mis necesidades. Puedo comunicarme sin herirme ni herir a la otra persona. Puede hacer justicia de forma sana. Puedo dirigir la energía hacia una acción que quiero conseguir. 

Nuestras ancestras y ancestros liberaban su ira matando animales para comérselos. Usando armas cortantes y viendo y manipulando la sangre. Cortando leña. Cargando peso. O pasando frío. El frío endurece. Se nos ha olvidado lo que es esto. Sobre todo a las mujeres (con algunas excepciones).

Si no expresamos la ira tal y como viene usando nuestro cuerpo y la reprimimos, destruye. Eso que nos duele busca salir de otras formas. Se convierte en rumiacion de pensamientos obsesivos, juicios hacia los demás y hacia mi, negatividad, culpabilizacion, gritos sobrepasados, exceso de reactividad, manipulación verbal hacia la persona u objeto que identificamos como el culpable de mi dolor y herida, gestos dañinos...que puedo lanzar hacia afuera o hacia adentro. En resumen, la ira se convierte en odio y  venganza, en sus diferentes intensidades. Vivir con ello nos debilita, enormemente. Desconectandonos de quienes somos. 

No hemos venido a esto. 

Ahora expreso lo auténtico y verdadero que atañe al Instinto. Ese que, para algunas y algunos, olvidamos un tiempo en el armario del trastero. 

Pero no más.

Una herida a mi instinto

Cómo una puede continuar viviendo con lo que arde en mi interior.

Un fuego que quema y quiere arrasar con todo

Un grito que no cabe en millones de gargantas y que se escucha allá en los confines de la tierra

Un llanto tan desconsolado para el que no existe cura

Y un cansancio de tantos momentos así.

Si fuera una imagen, veo un cuerpo recién operado del corazón, sin cerrar.  No lo han cosido. Es una operación a vida o muerte en un corazón hecho añicos. Que recibe sangre y la devuelve, palpita. Palpita por palpitar. Pues hay mucho amor por dentro. Pero no tiene motivos ajenos. Es más, el aire que entra duele, duele mucho. Y así se ha quedado. Abierto. Entre la vida y la muerte.

Cómo una puede vivir así.

Como si, me estuviera desangrando

Cada lágrima que cae, es Sangre.

Sangre de Madre.

De veras lo es.

En esta locura,

del arrebatamiento que no ha pedido permiso.

Porque no. No ha pedido permiso.

Ha llegado, como un vendaval, y se lo han llevado.

Se lo han llevado, sin estar yo presente.

Se lo han llevado, por siempre de aquí.

Se lo han llevado, es mi sensación mamífera.

Me lo han quitado de mis brazos, mis pechos y mi barriga.

Fue cuestión de horas. 

Mi cría. Mi cría de 3 años.

Con el que compartía toda mi vida y mi ser.

Apurábamos cada instante.

Sin apenas nadie más en lo cotidiano, solo él y yo. 

Cuando algo así se cultiva y vive, una sabe lo profundo que se hace el vínculo. Pablo y mamá. Mamá sola con Pablo adentro. Mamá y Pablo. También es así la etapa del puerperio. 

Una madre no debiera pasar por aquí.

Es una prueba a mi cordura, a mi fortaleza y a mi sentido de propósito vital.

De encontrar mi misión de ayuda.

Pues,

No hay pareja, no hay más hijos. No hay más amor del bueno. Ni dependencias.

Solo quedo yo.

Mis cenizas, y yo.

Mi capacidad de superación. Y yo.

El órdago a la vida. Y yo.

Cuando una mira a la muerte tan de cerca, se van perdiendo los escrúpulos.

Pues una no puede hacer nada. Nada es sin solución tangible.

Con lo demás, para la mayoría de cosas sí.

Con la muerte fisica, el diálogo se termina aquí en la tierra.

Debemos, continuar de otra manera.

Mi padre murió. Joven él. Joven yo. He podido superarlo. Me hice adulta. Antes de tiempo. No lo necesité con los años. Reconocí el proceso de duelo. Aprendí de las emociones tan difíciles que sentía. Conecté con mi alma. Reconocí en mi corazón la certeza de que la Muerte no es el Fin de la existencia.

Pero, cuando muere un hijo pequeño y de estas formas tan bruscas, la herida sangra para siempre. 

No hace falta que lo lea en libros, que por cierto, hay pocos. Ni lo hable con otras madres. 

Lo sé en mi corazón.

Y la frustración e incredulidad me llenan, me comen y quiero matar.

Me siento como un animal herido.

Una loba que, en la noche, le han arrebatado a su cachorro.

Una loba que trata de hacer justicia interna y externa. Quizás es lo único que me quede.

La justicia.

La desidia.

Y la libertad de Ser.

De Ser YO.

Jodidamente Yo.

Mientras respire,

Y palpite mi corazón.


Mi cachorro, sigo aquí. Hablándote, pintándote, sintiéndote y amándote.


Comentarios

  1. Noe , que cordura la tuya, pasear entre na muerte y la vida, los sueños y la vigilia. Y respiras tan bien …. Que olerte ya no hace ni falta. Aunque quisiera mo puedo las lagrimas me llenaron la nariz. Se que estamos juntas en este lago y quizá se pueda navegar, si llegará un viento lento y suave u nos dejáramos llevar.

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