De la incredulidad a la crisis existencial
Este post confieso que llevo muchas semanas escribiéndolo. Es complejo y me encantaría transmitir de forma verdadera y ligera lo que quiero transmitir como terapeuta y lo que reflexiono y siento como ser humano y sobre todo, como Madre, que está viviendo esta pérdida.
Quiero empezar diferenciando entre duelo y trauma.
*Duelo es el proceso natural que ocurre en nosotras ante una pérdida. Es físico, mental, emocional, energético y espiritual. Es decir, son los cambios en nuestra salud física, en nuestros pensamientos y emociones, en nuestra energía y en nuestra alma que se producen ante una pérdida. Es una respuesta natural. Un proceso de duelo sano requiere una serie de fases:
- Previas: asimilación de que se va a producir una pérdida, tiempo para concienciarnos y transitar las emociones de la pérdida (incredulidad, enfado, frustración, pena o tristeza).
- Despedida de nuestro ser amado, fundamental para aliviar sufrimiento y encontrarnos en calma.
- Proceso de duelo en sí: Incredulidad, Enfado, Negociación, Depresión o Tristeza y Aceptación. Éstas son las famosas fases del duelo por las que viajamos en nuestro proceso.
Si nos saltamos, por las circunstancias que sean, la asimilación o concienciación y la despedida, se añade una cuota de sufrimiento enorme al proceso de duelo. Me refiero: no es solo la ausencia de quien amamos o necesitamos, sino que no me pude preparar ni despedir. Ésto tiene un impacto enorme en la resolución del duelo de forma saludable. Nos podemos quedar atascadas mucho tiempo por el sufrimiento y culpa que sentimos. Por ejemplo: si era pequeña cuando perdí a mi madre y no me explicaron nada, solo "ella desapareció" o "se ha ido al cielo". Si pierdo a un hijo o ser amado de forma repentina, sin tiempo de reaccionar, que es mi caso. Si no me pude despedir porque estaba de viaje o lejos, o no me sentía preparada para asumir ese dolor.
Dicen, que tenemos capacidad para transformar el dolor de forma orgánica. Que el ser humano está preparado para la pérdida y la muerte. Esto me hace pensar que aquí en Occidente estamos bastante perdidos con este tema. Pues en la mayoría de casos no es así. Observo que se nos van atascando los duelos adentro, sobre todo, por nuestra mala relación con nuestras emociones, con la muerte, y por nuestras creencias acerca de la mortalidad e inmortalidad. Hay una falta de visibilidad desde que somos pequeñas de que la muerte llega y forma parte del proceso de vida. Hay una ausencia de espiritualidad y de valores humanos. Si a mi me hubieran educado en este sentido, otro gallo cantaría. Andaría más liviana sin tener que sufrir tanto. Pero parece que es el camino que "debo seguir" para aprender por mí misma. No encuentro otra.
*Trauma es lo que aprendimos a hacer frente a un evento muy doloroso para nosotras. Es una respuesta de supervivencia física, mental, emocional y energética al DOLOR. Ante algo que nos duele y no podemos gestionar, el cuerpo, la mente y las emociones responden de la manera que buenamente puedan. Nuestro sistema nervioso se tiene que adaptar a una situación muy dolorosa. Podemos tener una experiencia traumática ante algo más obvio para nuestra mente, como por ejemplo, tener un accidente de tráfico. Pero también ocurre y muy frecuentemente con cosas no tan obvias, como que me cambiaran de cuarto de pequeña a otro donde tenía que dormir sola, cosa que me dió mucho miedo y este miedo no se gestionó, sino que se acumuló y acaba constituyendo una respuesta de ansiedad crónica a la soledad. Esta ansiedad la gestiono abrazándome fuerte a un peluche y comiendo chocolate por la noche. Llegamos a adultas con problemas con la alimentación y dependencia en mis relaciones por la falta de compañía amorosa. Este ejemplo "tan banal" que quizás la mente pueda cuestionar :¿cómo va a ser esto por qué dormía sola? es tal y como funciona cuando nuestras necesidades afectivas de niñas no son cubiertas y entro en dolor y trauma. No lo "quiero o puedo" sentir, me entra ansiedad, y como. Me aferro a otra cosa. Esto me daría para otro post. Ahora solo quiero mostrar con sencillez la complejidad del trauma. La respuesta completa al trauma se congela y fija en nuestras células e impulsa en nosotras una forma de ser con ese tema en concreto. Es como aprender la lección errónea que nos ayudó a sobrevivir.
Al entrar en shock se activa el cerebro reptiliano de la supervivencia, y entonces olvida momentáneamente imágenes dolorosas que ocurrieron. Pero estas imágenes y recuerdos no se borran: se guardan en la mente inconsciente. Cuando estamos más preparadas para sostener el dolor y las emociones que surjan, o bien a través de sueños en forma de pesadillas, el cerebro va enviando progresivamente a la mente consciente imágenes del evento traumático. Pueden haber pasado años con este material reprimido en la psique. Se dice que las fobias y los ataques de pánicos pueden ser debidas a traumas reprimidos. A mi me ha ocurrido alguna vez, que estoy hablando tranquila con alguien, y de pronto, aparece una imagen del trauma de la muerte de mi hijo muy dolorosa en mi consciencia. Así, sin avisar. Haciendo que se me encoja toda la musculatura, los órganos se retuerzan y se me vaya la voz. No he podido continuar con lo que estaba haciendo. He tenido que parar, que me diera el aire, llorar, gritar...pues las veces que no lo he escuchado y he seguido como si nada hubiera ocurrido dentro de mí, por pura supervivencia, la ansiedad ha tomado las riendas de mí. Da igual lo que haga, que la emoción difícil llega. No quiero que esto ocurra ya, he pasado muchos años así.
También es cierto que nuestro cerebro va a intentar, ante un evento traumático y doloroso, progresar. Tiene mucha plasticidad y habilidades. Se conoce como resiliencia. La resiliencia es diferente entre cada una de nosotras, pues esto depende de nuestros cerebros, y además y muy importante, de los recursos de gestión de los pensamientos y emociones que tengamos en el momento de la pérdida o trauma. No son los mismos en un niño, que en una anciana, o una persona que es su primera vez con una pérdida, o una persona que tiene una espiritualidad elevada. Además, el entorno más cercano y en concreto, los familiares también afectados, pueden influir en cómo gestionamos el proceso de duelo en nuestro cerebro. Por tanto la resiliencia es muy personal y única. El funcionamiento y la química del cerebro afectan directamente al resto de sistemas conectados por la inmensa red nerviosa que nos recorre de pies a cabeza. Los pensamientos que produce nuestro cerebro afectan directamente a la aparición de nuestras emociones, y nuestras emociones son energía, afectando así a nuestro campo energético. Nuestras emociones se alojan en nuestros órganos y sistema musculoesquelético, por lo que, vuelven al cuerpo. Por ejemplo: el pensamiento negativo "no lo voy a conseguir" puede producirnos en el cuerpo la emoción del miedo o de la frustración. Nos podemos encoger, huir, quedarnos bloqueadas. Entonces, química, pensamientos y emociones comienzan su actuación.
Empecé a investigar en ello cuando dormí más de 7 horas seguidas en una cama nueva fuera de un entorno conocido. Estaba durmiendo de forma continuada unas 3 o 4 solo, ya que me despertaba ahogándome. Se me encendió la bombilla. Claro! Mi cerebro sabe que en esta nueva cama Pablo no va a estar. Aunque Pablo estuviera, no estaría conmigo en esa cama en concreto, porque estaba en un retiro. ¿Verdad que parece simple? Totalmente. Pero a la vez hasta me parece complejo. Aquí es cuando comencé a indagar en su funcionamiento en libros como "un cerebro en duelo" de Mary O'Connor. Comencé a comprenderme. Y a entrar mejor en la operativa del trauma.
El cerebro en duelo necesita un tiempo para acostumbrarse a que algo o alguien ya no está. Esta es la primera fase del duelo: la negación e incredulidad. ¿Si antes estaba, porque ahora no? No lo entiende. No lo procesa. Por eso necesita revivir una y otra vez las mismas situaciones para poder asimilar la ausencia. Por ejemplo en mi caso: que Pablo no llegue a las 20.30 h a casa. Necesitamos un tiempo suficiente en un lugar familiar donde estábamos con la persona amada para poder asimilar que esa persona ya no está. Para hacerlo creíble. Aunque una crea que no pueda. Yo, tras repetidas veces viviéndolo, en este ejemplo de las 20.30 h, me he resignado con que Pablo no va a regresar. En este ejemplo no entro en trauma ya después de vivirlo a menudo. He pasado de pedir que no llamen al telefonillo a esa hora, a asumir o resignarme con que Pablo no llega, porque efectivamente no llega. La realidad es aplastante ante el cerebro. Ha sido un proceso que se ha resuelto medianamente más rápido y ha sido amable porque suele o solía haber alguien conmigo en casa a esta hora. Esto me ayuda mucho a transitar el sufrimiento y el dolor. Entonces reflexiono, que hacemos creíble lo increíble estando con ello con valentía, pidiendo ayuda y dándonos amor y paciencia.
En otros casos, que estoy sola, a veces no trasciendo la incredulidad y ésta me come. Porque estar sola es la más viva situación de que Pablo no está. Pues la mayor parte de mi tiempo estaba conmigo. Pues siempre había unas manitas, unos brazos, un cuerpo, y una voz, pegada a mí. Quiero contarte en la práctica un proceso mío cerebral de incredulidad, trauma y posterior resolución. Te lo cuento con una historia y un poema.
Últimamente y novedoso, es que estoy teniendo algún rato cotidiano, como si la vida anterior hubiera vuelto. Parece como si “nada” hubiera pasado, como si Pablo estuviera aquí y solo se ha ausentado un rato. Esto pasa cuando estoy estoy mi casa. Me siento centrada en mí por unos momentos. Centrarme en mí y en mis necesidades lo más afinada que pueda es uno de los principales recursos que me ayudan a estar viva y ser medianamente funcional. Hay cosas que me ayudan: estar acompañada por amigas con sus palabras de aliento y abrazos calentitos, y relacionarme yo también con ellas, es decir, ser una amiga funcional. La amistad es esencial para mí y me ayuda mucho. Que consiga descansar, es decir, que duerma varias horas seguidas y así mi sistema físico colabore en mis proceso mental y emocional. También me ayuda hacer alguna sesión de terapia a algún paciente. Pintar. Escribir. Durante unos momentos consigo centrarme en mí. Unos momentos en los que mis emociones están medianamente calmadas, y me enchufo a la realidad terrenal. Y según me enchufo, de repente, me veo haciendo lo que hacía antes cuando Pablo no estaba algún rato: limpiar, recoger, y aprovechar ese tiempo para mí. También hago cosas que antes no podía: Limpio el polvo de los libros amontonados, recoloco los muebles, abro un libro y leo unas hojas. Pero de repente salta la alarma. Como un rayo que me electrocuta. Me digo: Esto no debería de estar haciéndolo. Pues se supone que si Pablo está, no tendría tanto tiempo. Entro en la cocina a coger comida y me doy cuenta que no he preparado nada. Y de nuevo me doy cuenta que es porque tu no estás, porque para mí ya no preparo. Que entonces no te he recogido en la escuelita porque tendríamos que estar llegando a casa. Y que es miércoles. Mi cerebro se da cuenta, y escucho de lejos una sensación de que es transitorio. Que después volverás a las 20.30 h. Que solo es un día especial. Como una especie de auto-engaño que hace mi cerebro para no querer sentir el inmenso desgarro. Respiro hondo y continuo tratando de hacer cosas habituales que hacen las personas en sus días. Pero algo en mi interior sabe que no. Y me obligo a parar. Y me aviso de que no vas a regresar. Es la voz triste de mi alma, que le recuerda a mi cerebro colapsado que vuelva a la realidad actual. Que formatee su programa. Que dé al botón de actualizar. Y entonces ambas partes de mí entran en lucha. ¿Es Irreal o Real? Y entro en la famosa incredulidad por lo ocurrido: no puede ser. Asoma mi trauma: el del arrebatamiento repentino. Y, quiero, salir corriendo. Quiero gritar. Quiero llorar desconsoladamente. Quiero arrojar piedras a los muros. Y oigo los ya no o nunca voy. Aterrizo en lo que no existe de mi crianza y que era intenso: esos recuerdos que tanto anhelo. ya no hay nadie que me demande tirándome del pantalón o gritando Mamáaa desde la sala de juegos. Ya no hay nada de lo que continuamente tenga que estar atenta. Ya no tengo que hacer varias cosas a la vez. Ya no doy la teta. Y cuando entro en este lugar de Ausencia irreversible, y justo el sol comienza a esconderse en el horizonte, justo ahí, el dolor aprieta y ahoga mi corazón. Pues hay una frase de fondo que dice: “esto es permanente, mientras estés viva Pablo no regresará tal y como era, con su cuerpo y sus maneras”. Y sé que, aunque nuestras almas sean eternas y nuestro vínculo irrompible, en esta vida Pablo no regresará, mis ojos no le verán más, mi piel no le sentirá jamás como lo hizo, mis manos no acariciarán su maravilloso pelo, mis oídos no escucharan su voz, mi boca no besará la suya. Son mis sentidos los que están perdidos, desorientados. Mis emociones salen a borbotones, invadiéndome una ola gigante de frustración, angustia, rabia, de golpe. Y la locura. Pido auxilio. Quiero salir de aquí. Lo irreversible de la muerte es así de crudo, no hay otra opción. No hay solución. Los pensamientos difíciles acerca de mi existencia se amontonan en mi cerebro. Y llorando o gritando o tragando saliva o ahogada o arrojando cosas contra el suelo, dicen: ¿por qué ha pasado esto? ¿qué habré hecho yo? ¿por qué no pude protegerte? ¿por qué ocurre el terror en la parcela de mi vida en la que más plena me sentía? ¿qué significa todo esto? ¿a dónde has ido? ¿Dónde estás? ¿corazón? No puede ser. Es increíble. ¿qué sentido tiene esta locura? ¿para qué existo? ¿para qué vivo? ¿qué hago aquí? ¿para qué sigo? ¿qué propósito tiene esta desgracia? ¿quién soy?.........
Quién
soy…
Quién
soy…
Quién
soy…
Quién
soy…
Quién
soy…
Hiperventilando, abrazándome, rodeada de una manta y de la ropa de Pablo, pasan los segundos, y trato de respirar de nuevo por la nariz. Voy soltando. Los mocos no me dejan. Me los retiro y
vuelvo, poco a poco, a respirar. Mi sistema nervioso se comienza a regular. Es el ciclo natural. Sigo soltando más tensión. Dejo de
gritar en mi cabeza. Y fuera de mi cabeza. Pues ya se expresó. Se expresó la dura emoción. Me quedo exhausta, inmóvil. Se hace el Silencio en Mí. Inhalo.
Exhalo. Inhalo. Exhalo. Aprieto con mis pies el suelo. Con mis manos recorro mi
pelo y mi cara. Me hago una coleta.
Y Regreso
un rato.
De
nuevo,
A
mí.
Ataque
En el
parque, hoy
En medio
de un gran dolor fui a buscarte.
Y allí,
llorando y penando
Me rodea
una mariposa naranja, como las nuestras
La
ilusión me invade.
Te hablo
más y más,
Y
Aparece otra! Más grande y más naranja!
Abre las
alas
Como tú
has hecho.
Y sé que eres tú diciéndome que estás conmigo.
Pero, instantes después, todo se rompe.
Me encuentro con 2 niños rubios delante de nuestro coche.
¿no había otro sitio, universo?
Parece
que no.
Estalla,
de repente.
Verles
es la más auténtica prueba viviente de que no estás.
No es un
pensamiento, o una emoción.
Es
carne. Es Tu carne.
Me
vuelo, quiero desaparecer.
Y no de
boquilla.
Es de
víscera. Es de Alma.
Me
quiero morir, me quiero morir, me quiero morir.
Y
escupir sangre. Toda la sangre que quiero ver correr.
Y
vomitar bilis. Todo el asco que siento en mi ser.
Pensamientos
muy difíciles que me llevan a disociarme de mi cuerpo y mi persona
Quiero
volar e irme muy lejos, buscarte, irme contigo.
Y que mi
cuerpo se deshazca para no volver a esta cáscara que habitamos y me mantiene
aquí, en este plano.
Con un
plan de vida bien jodido.
Bien
jodido.
Super
jodido.
Bien
hundida, como el titanic.
Sale mi
lamento con gritos ahogados y lágrimas que se atascan.
Estoy
agotada.
Y me caigo hacia un lado,
y me dejo caer del todo.
Los segundos son eternos.
Los
mocos no me dejan respirar.
Abro los
ojos, mi mirada perdida ve al fondo un hombre que ríe.
Vuelvo a
cerrarlos.
No
quiero ver ni un ápice de vida,
Si mi
hijo no está.
Cierro
fuerte los ojos, y tapo mucho mis oídos.
Pasan
segundos y vuelvo a abrirlos.
Busco tu
pulsera y la aprieto.
Cojo
plastilina de un bote de mi bolsillo, y la aplasto.
La
manoseo como si estuviera dándote la mano, mi ratón.
La huelo, y vuelvo a ti.
Vuelvo a mi.
Vuelvo a
nosotras.
Te siento.
Vuelvo.
He
vuelto.
Entra
aire por mi nariz.
.
Así ocurren los ciclos de dolor y trauma en mí. Cada vez, la bolsa de sostén, como la llamo, es más potente y amplia. Ya son meses viviéndolo.
Ójala fuera una horrible pesadilla, como Oraba aquella interminable hora en la sala de reanimación del hospital de Segovia aquel 5 de julio. Pero no lo es, es Real. Tan Real como que me pellizcaba la piel y se ponía roja.
Trato de cuidarme cuando la crisis ocurre. Sé hacerlo. Pablo me ayudó a aprender a regularme, pues yo lo hacía para él, con sus emociones intensas, y para mí con las mías.
Lo cierto es que me quiero morir, pero sé vivir muy bien. Por desgracia para mis ganas de no seguir aquí. Que siendo honesta, hay pocas. Mi cerebro creativo me salva. Mi cuerpo es súper funcional. Y estoy, muchos ratos, jodidamente lúcida.


Comentarios
Publicar un comentario