Una cuestión de Fe.



Sabes, este post le he escrito, como todos, para salvarme a mí misma. Escribir me sana. Transmitir más. Ayudar no te lo cuento. Y llegar a los corazones, cura un poco el mío roto.

Una cuestión de Fe

Curioso que mi inspiración comience la víspera del día 25. Estoy en medio de la montaña, buscando cobijo de un mundo navideño del que me fui hace tiempo. Llevo años validando que estoy muy triste en esta época. ¿Quién? La niña que fui. Cada Navidad, tenía que aguantarme las lágrimas en la mesa familiar materna. Ya sabes, hay que tirar pa´lante. Y Lloraba, sí. Pero un poco, así a escondidas. Alzaba la copa de champán, no sé muy bien para qué. No lloraba el río de lágrimas que vivía dentro de mí. Según pasaron los años, este río de lágrimas fue siguiendo su curso y saliéndose del cauce determinado. Cuando nació Pablo había una razón para ser feliz en estas fechas. Pero me separé de mi pareja de muchos años y la ilusión de “montar” una familia feliz se esfumó. Esto agravó mi estado en Navidad, pues la familia y la navidad en nuestra sociedad van de la mano. Fíjate mi expectativa y sueño infantil. Un sueño que decidí romper, pues no era cierto, me estaba mintiendo. Fue muy duro caer en la cruda realidad. Y esta ruptura de la imagen interna de familia y de la familia original es lo que me hacía añicos. En estos años con Pablo, aunque él "me" hacía más feliz, seguía sintiendo mucho dolor e insatisfacción, y esta vez ya estaba cansada del parapeto. No tenía ninguna gana de hacer como si nada. Lo mostré tal cual era. Me faltaba algo, algo grande, pues sentía un gran vacío en mi interior. Incluso estando mi hijo. Y es que cuando las ilusiones y sueños con respecto a las demás personas se resquebrajan, ¿qué queda? ¿quién hay ahí? 

Pues quien faltaba, era yo. Sí. Yo. ¿Dónde estaba? Quién sabe. Poniendo la atención en algún otro. Y cuando dejé de ponerlo, solo quedaba yo. Yo y la Navidad, curiosa relación. Suma que en este momento de mi existencia vivo sabiendo que hoy es hoy, y mañana es mañana. Es cierto que las memorias de las navidades de toda una vida me influyen, los adornos en las calles que veo yendo de una casa a otra, una tele que se enciende a lo lejos y oigo la palabra nochebuena, o un cartel en el hotel que pone “feliz navidad”. Aunque me influya, sigo colocada en lo anterior. En el instante presente, en el hoy. Y esto es, sobre todo, desde que Pablo se ha ido. Pues si mi vida se destruyó en minutos, no sé cuándo volverá a hacerlo. O cuando renaceré. O cuando me invadirá el dolor. O cuando la risa. Hoy es cada momento. Vivo presente en mí Hoy. Y al conectar con mi presencia, comprendo, de forma bonita y nueva que hoy, se hizo la luz. Que hay canciones, luces, risas y abrazos en las calles. Que hay Amor volando por el aire. Hoy se hizo la luz en medio de la oscuridad, hoy nació Jesús: la luz del mundo. Así se propaga en el cristianismo. Ojala podamos ver la luz y el amor cada día de nuestra vida, y no solo el 25 de diciembre.

Dándome cuenta de esta reflexión acerca de esta nueva mirada en torno a Jesucristo y la Navidad, comienza mi reflexión de este post. Y así me doy cuenta que Pablo nació un día 25, de junio. Mitad del año, par con diciembre. Algo me dice que es sincrónico, o en otras palabras, no al azar. Y al darme cuenta, he sentido muy fuerte que con él, he estado en gracia. Como la virgen maría. Pablo me llenó de gracia. ¿Qué es la gracia? La bendición, estar bendita, sentirme plena. Estar con él era esto. Me pongo a ver la película de “María” y puedo ver la fuerza, la determinación y la magia que rodeaba a esta mujer. Y sabes, también conecto con que he estado con Dios. Sí, qué locura ¿verdad? Quizás pienses que estoy fatal. Yo a veces lo hago. Pero es solo mi juicio. Yo quiero transmitirte mi mirada y mi forma de pensamiento espiritual. ¿Qué quién es Dios? Como me dijo aquel testigo de jehová que llamó a mi telefonillo hace poco, en un momento crítico, y me preguntó: “¿Tú ves el mundo de Dios adentro, o afuera?” Le contesté: “Adentro”, y Se le llenaron los ojos de lágrimas, la diferencia con la religión, principalmente la católica, es que en una parte del culto a Dios, la búsqueda es hacia afuera. Nos colocan en un deber o deuda a un Dios exterior al que debemos el perdón y la fidelidad. Recorriendo un camino de dogmas y normas predefinidas en base a intereses que, en bastantes casos, son del ser humano. Con todo mi respeto a los practicantes, y con mucha gratitud hacia los maravillosos templos que tenemos en España, en los cuales ahora encuentro muchos días el único consuelo que hallo. Pero en mi opinión, mi cuestionamiento y mi sentir, y de forma breve, algún ejemplo que comparto es que Dios no puede castigar. Para Dios la avaricia no puede ser un pecado, es una condición humana con la que tenemos que convivir y aprender de ella para evolucionar. No necesitamos redimir nuestros pecados a través de culparnos y culparnos y después que un Dios externo nos perdone. No es así, no puede serlo. No es sano. Dios no hace esto. Dios guía, enseña y es Amor.

Llevo años construyendo mi concepto de Dios, y hoy quiero compartirtelo. Me vibra hacerlo porque es una de los pilares que en este momento crítico me impulsa a "continuar": a levantarme, a moverme, a seguir de la forma que pueda. Es arriesgado, pero me apetece comenzar a hacerlo y cambiar la connotación que hemos heredado. Que podamos cada un@ construir nuestra propia relación con nuestro Dios interno. Y te propongo que cambies la palabra Dios por la palabra Conexión conmigo o Presencia. ¿A que parece que suena mejor? Pues es muy parecido. Cuando decimos "me siento conectada a mí" es porque nos enchufamos a esta parte interna que vibra con el alma y que se ha generalizado con la palabra Dios. 

-Yo estuve con Dios porque con Pablo aprendí a ver la vida con unos ojos nuevos: Los ojos del Amor de la niñez. Los de la magia. Los del espíritu, este hilo que conecta todo con todo y todos. Los ojos del no-tiempo. ¿Has visto cómo miran los niños? ¿la luz de su mirada? Pablo me ha dado un poco de la suya. El otro día me pillé a mi misma, en medio de un gran dolor, mirando a cámara lenta una escena encantadora de dos niñas con un perrito y un abuelo. Pude escuchar a mi mente de adulta que juzgaba “vaya señor con tan mala cara”, mientras mis ojos de niña me decían: “a ver qué cosa graciosa dice este abuelo”. También me pillo mirando a las estrellas como si yo fuera una de ellas y con gran curiosidad. Y cuando me sale hacer esto, a veces el cielo me regala una estrella fugaz, como las del cuento que contaba a Pablo últimamente. ¿Has visto que para un niño un coche es un ser animado con el que comienzan una relación? Le hablan, le ríen, le cuidan. Así viven cada relación, cada instante presente. En un mundo de no temporalidad, de la magia y del Amor en continuo movimiento. Y de ahí pasan de una relación a otra, de un instante a otro. Ahí se viven. En la creatividad continua, en la creación de "cosas" nuevas a cada instante. Y Ahí vive Dios, pues sí él es el creador, nosotras somos las creaciones. Y tenemos un poder infinito para crear. Ahí está la esencia de la Vida. Las niñas tienen la llave que nos muestra cómo hacerlo. Y nosotras las adultas indagar cómo volver a conectarnos con la niña o niño que fuimos. Las niñas también una confianza absoluta en la Vida. Tienen Fe. Son Fe: Confían. En este duelo, el dolor me está trayendo momentos de inmenso vacío y ausencia, y después, lo que surge es pura creación. Pues, de forma espontánea en medio del vacío, comienzo a pintar, a investigar cosas, a imaginar cosas. Con Pablo, bailaba en una nube atemporal en la que nos metíamos y todo lo demás se paraba. Me siento súper afortunada, y orgullosa, porque tuve que hacer muchos cambios en mí adentro y afuera para poder experimentar estas experiencias tan maravillosas difíciles de explicar con palabras. A veces solo una mirada bastaba para conectarnos. También teníamos conflictos, y muchas cosas más, pero vivíamos ahí adentro en nuestra nube. Y esta nube se ha quedado conmigo, pues también lo que influye en esto es que, él tomaba el pecho y estaba en mi cuerpo, con lo cual, la separación física tan drástica que hemos vivido ha hecho que nuestro vínculo continúe.



-Estar con Dios también es encontrar un Sentido. Un sentido existencial, un propósito o misión de vida. No mental: la mente racional lógica tiende a buscar explicaciones, ansía encontrar los significados de las cosas, se excede en preocupaciones y trata de estar a la altura (entre otras muchas cosas). En momentos como el mío y muchos otros en los que hay pérdidas y muerte trágicas, la mente racional y lógica no resuelve: solo entorpece. Es la mente creativa la que nos ayuda a salir adelante y reinventarnos. Y nuestra mente superior o espiritual que también vive con nosotras y nos envía pensamientos que son certezas internas, algo que sabes que ES, sin necesitadad de más explicación. Por ejemplo, te cuento que inmediatamente cuando Pablo se fue, me visitó un pensamiento trascendental: “Con algo tan trágico, tiene que haber un sentido. Y un sentido para mi existencia aquí”. De verdad que lo sentí y lo siento en las tripas desde entonces. Este pensamiento ES UNA CUESTIÓN DE FE: es lo que me hace levantarme de la cama cada día: la necesidad y el anhelo de encontrar respuestas existenciales. Mi experiencia también ha hecho que conecte con un sentido en la muerte. He podido darme cuenta de que tenía un pensamiento muy limitante que me decía que me ha pasado esto porque he hecho algo malo. El famoso “qué he hecho yo para merecer esto”, que me coloca en el lugar de víctima. Así me he tirado bastantes semanas, y vuelvo una y otra vez. Pero de pronto, un día, me dí cuenta que no hay nada de malo en mí ni en mi familia. Varias señales que me han llegado de forma fortuita, lecturas y la comunicación con mi hijo me han hecho darme cuenta de que la muerte tiene una fuerza que ni de asomo puedo atisbar. Que cada persona venimos con una misión de alma que cumplir y nos vamos cuando la hemos cubierto. Así de simple parece, y así de arrasador y duro. Ahora me encuentro en busca del sentido de esta locura terrenal y humana en la que me vivo continuamente.

-Conectar con Dios también es conectar y validar (súper importante!!) nuestra espiritualidad, con eso que “no vemos” con nuestros ojos, pero que a menudo sentimos: corazonadas. intuiciones. un saber que no es de la mente, sino de otro lugar. presencias de energía (te suena lo de mala o buena vibra?). sentir como si el tiempo se parara. los presentimientos o premoniciones que se cumplen. los deja-vu que parecen ser recordatorios de vivencias que hemos tenido en otras vidas. Explicar en un texto con palabras cómo experimento yo esto, no llega con la misma fuerza que contarlo de voz, pero voy a tratar de contar algún ejemplo de la forma más concreta y sentida que pueda. En otro momento me apetecerá desglosarlo más, seguro. Y te invito a dejar ir la mente racional que quiere comprenderlo todo. Te propongo que abras tus sentidos y tu corazón. Yo me siento muy vulnerable contando esto, pero es que tengo la imperiosa necesidad de transmitir que somos mucho más que una mente, y que tenemos poderes que desconocemos porque los hemos metido en el sótano de nuestra infancia olvidada.

Todo se abrió más fuerte cuando me quedé embarazada. Desde entonces han ido ocurriendome puntualmente, de forma mágica e imprevisible. En consulta con pacientes, cuando me quedaba sola, o cuando meditaba. Pero sobre todo, antes de que Pablo se fuera, unos 2 o 3 meses antes, yo sentía que algo pasaba. Algo gordo. Y no sabía el qué. Tenía sueños muy vívidos, que luego ya he sabido que eran premonitorios. De uno de ellos me desperté gritando Amooooor porque no le encontraba en el sueño. Por suerte para mí, en aquel entonces, encontré su manita. En otro sueño estaba todo oscuro y Pablo se desvanecía. En otro, era un ángel. Además de esto, mi cuerpo hablaba: mi abdomen estaba muy hinchado, muy muy hinchado. Algo no estaba digiriendo. Pablo se hacía pis en la cama las últimas semanas y no tenía sentido. Además, me despertaba justo cuando se lo hacía, justo antes de que saliera el pis. Por la noche, en los sueños, es cuando se expresa y habla el inconsciente: esta parte de nuestra mente que almacena la información que no procesamos en la vigilia referente a nuestras emociones y nuestra alma. Nuestros inconscientes conectados estaban hablando y contando verdades que yo no podía ver. Un día al llegar a casa había 1 pajarito en el salón, muy quieto. Me impactó que no se fuera volando. Cuando llegó Pablo, le llamé corriendo y estuvimos con él. Ahora hace poco, he sabido que en las antiguas tradiciones, ver un pájaro entrar en una casa era una superstición de que quizás alguien moría pronto. Sabes que cuando era pequeña supe el momento en que mi abuela Vicenta murió. Tenía 9 años y estaba durmiendo con mi madre. Una fuerte sensación me sobrecogió y a los minutos sonó el teléfono. Me había olvidado de ello. Y mi inconsciente me estaba avisando, igual que ahora. Lo que pasa que ahora, en una pérdida tan imprevisible y de ninguna forma admisible para el cerebro de una madre, no entendía qué pasaba cuando sentía todo aquello. Ahora cuando lo recuerdo me retuerzo del dolor y la impotencia. Me digo que podría haberlo evitado. Y me digo también que quién soy para influir en el ciclo de la vida y el destino de mi hijo. Con esto no estoy diciendo que iba a ocurrir sí o sí. Sino que algo estaba avisándome. Luego las cosas pueden suceder o no suceder. Y eso no depende solo de mí, sino de un sinfín de factores que se orquestan alrededor.

Con mi duelo todo esto se ha potenciado aún más. Hay veces en que puedo sentir la energía de mi hijo, es como si todo se parara y mis sentidos se agudizaran. Es ver puntos de luz a mi alrededor y alrededor de las personas. El otro dia recordé que de niña veía también puntitos de luz. No se lo contaba a nadie porque pensaba que me juzgarían o no me comprenderían. Lo tapé. También canalizo o “traigo” información que no viene de mi mente, sino de otro lugar más profundo. Pablo me cuenta cosas que no sabía, ni siquiera podría suponerlas. Por ejemplo, me pillo pensando lo divertida que es la abuela, así con estas palabras, y antes ni lo pensaba. Y me doy cuenta que estoy mirando a mi madre con los ojos de Pablo. Le preguntaba a veces que había hecho con su papá y no me lo contaba. Hace poco, en un retiro de silencio y descanso al que fui, tenía que elegir una actividad comunitaria para hacer. Y sin pensarlo, elegí limpiar las gallinas. ¿Yo, limpiar gallinas? no por nada, sino porque hubiera elegido algo que me gustara más, como cocinar (de lo cual me he olvidado). Pues me doy cuenta que elijo gallinas, porque Pablo pasaba muchos ratos con las gallinas en ortigosa. y me pillo limpiando a las gallinas llorando y descubriendo la diversión y emoción que es coger los huevos. Y oigo dentro de mí un "Lo ves, mami" gigantesco. Quizás te cuestiones si es mi voz buscando consuelo, o la de Pablo. Yo también lo hago. Y respiro mucho en esos momentos. Pero he descubierto que, cuando me invade la emoción, y siento una potente presencia de energía, no es mi voz. y que es de estas certezas que se sienten en el cuerpo y que solo al experimentarlas, una sabe que son ciertas. Doy fe. Y sabes, al finalizar el retiro, cuando yo ya había experimentado estas sensaciones y revelaciones, en la última comida que ya podíamos conversar, me entero que la mujer que hacía la actividad de las gallinas conmigo pasó su infancia en Ortigosa. El retiro era en Girona y ella de Lleida. ¿Qué decir de esta impactante sincronía? ¿Qué probabilidades hay de esto? 

Todas estas experiencias puede ser que te suenen y las hayas vivido, ocurren muy a menudo y pocas veces las ponemos voz. Muy pocas. Y nos quiero recordar que somos seres espirituales viviendo una experiencia humana. Y que vivir el duelo incluyendo esta parte de nuestro ser, que es el alma y a Dios, aligera la mochila. No quita ni suprime el dolor, ójala lo hiciera, pero sí balancea la situación interna. Y aunque, en mi caso, el dolor es abrasador y el proceso muy complicado, también es compatible y tranquilizador saber en mi fuero interior que esto tiene una sentido álmico. Y si bien ya presiento y atisbo algunas cosas, estoy en ello. Tal y como me dije cuando Pablo se fue: “jLlegaré hasta el final”. Como pueda, según mi proceso me lo permita, lo haré. Y te lo contaré. Si quieres.

*Un recurso que uso cuando siento un dolor y una desesperación que me incapacita y no veo salida: voy a ver caballos. Les miro, les toco, les siento. Son seres tan especiales. Y me los encuentro a veces en lugares insospechados, cuando más les necesito. El otro día me encontré este regalo: caballos sueltos.



*Un libro: Señales del Universo, de Laura Lynne.

*Una vulnerabilidad: He ido a la biblioteca donde iba con Pablo buscando uno de sus libros favoritos. En cuanto entré, ahí estaba de frente, esperándome. Me lo he llevado a casa y he podido recorrer sus páginas con mis ojos y mis dedos, contándolo a veces hacia adentro, y otras hacia afuera con la voz entrecortada, las palabras que tantas veces te repetí, Amor.




*Unas palabras para Pablo: Amor, encontrar pintadas en lugares insospechados me da mucha alegría. El otro día limpié la habitación y moví la silla amarilla, y me encontré con unos maravillosos garabatos que, me hicieron respirar y reír a la vez. En ese momento es como encontrarte.

*Una superación: El otro día, de pura supervivencia, tuve que parar en la tienda donde siempre iba con Pablo, cerca de nuestra casa. No tenía comida, tenía hambre y además, antojo de fuet. Iba un poco anestesiada del dolor que sentía, a veces me pasa. Mi sistema nervioso hace lo que puede para sobrevivir cuando entra en trauma. Y gracias a esta anestesia, es decir, a que todo me dé igual en ese momento, pude parar y comprar. Y mi emoción me llevó al pasillo de los juguetes. Me pillé a mi misma buscando algo para Pablo. Buscando a Pablo. Buscando nuestros momentos allí. Compré una caja de plastilina y unas gomas para hacer pulseras, como la que él llevaba. Después, me sentía más conectada con él, y en consecuencia, conmigo. Había podido entrar en la tienda de nuevo. Son cosas que parecen “pequeñas”, pero en el duelo, tienen una importancia nivel Dios. Pues cada vez que paso con el coche por la tienda, me retuerzo entera.

*Una frase inspiradora: En el silencio brota el alma. Y con el alma, también el dolor vital. Pues la mente bloquea lo que el alma viene a contarnos.

*Una señal clara: Cásper. Estaba un día haciendo el curso de registros akásicos y pude sentir muy fuerte la presencia de mi hijo. Y me venía a la cabeza la palabra “Cásper, Cásper”. Y de pronto me acuerdo de la película de Cásper, la historia del fantasma que quiere volver a la vida y se comunica con una adolescente. Esa película era una de mis favoritas. Dejé ahí el mensaje hasta que estuviera preparada. Bueno, pues la vida que es así de inesperada, me trajo el momento perfecto. Un día en plena desesperación vital decidí coger el coche e irme a una clase de danza contact. Esto es un reto enorme para mi situación, pues me entra ansiedad social y pánico como consecuencia del estrés post-traumático que sufro. Cuando llegué, estaban terminando la clase, habían cambiado el horario y no me había enterado. Pero Tania, la facilitadora, me dice: “espera, ya que has venido, vente que te damos un masaje y nos presentamos”. Hacen una ronda y el último chico que estaba a mi lado me mira y me dice: “hola, yo soy Cásper”. Espera. Un momento. ¿Quién se llama Cásper?????!!!!!Me invadió una profunda sensación de conexión con el universo. Y mucha, enorme, conexión con Pablo. Ah, ya me enterado, que tengo que ver cásper. Al día siguiente la alquilé y la ví, muy despacio, digiriendo bien cada detalle. Pude aprender de qué formas se comunica Cásper con la adolescente, y también verme en ella. Tras mucho llorar y estando bastante impactada, me vino el impulso de buscar un libro de Pablo que se llama Leotolda, sin saber para qué (intuición). Y al abrirlo, veo que uno de los protagonistas se llama Casper. Y ni lo recordaba. Cuántas veces lo leímos, decenas de veces. Me quedé con la boca abierta, y aún se me sigue abriendo mientras escribo estas palabras. Y de nuevo, el mensaje que me llega es que, ahora, de nuevo como con el principito, la relación es de otra manera. Pablo está. Y aunque ya lo sé, que me lo diga él es una maldito MILAGRO. Y esto sí es estar con Dios.

Escribir en concreto este post es un recordatorio para mí cuando sufro momentos de mucho dolor. A veces, recurro a la fe yendo a una iglesia, pues en el silencio y la protección de sus poderosos muros encuentro lo sagrado, me encuentro con Dios, con el Dios que te he contado.

Gracias por estar compartiendo conmigo estas líneas de expresión real y verdadera de mis emociones, mis pensamientos y todo mi ser. Deseo que te aporte y te lleve a lugares auténticos dentro de tí. Te abrazo fuerte.




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