Un Poema del Dolor. Con Reflexión: ¿Qué es, exactamente, el Dolor? ¿Puede describirse? ¿Puede pasarse?
Dolor.
D-O-L-O-R
El Dolor Duele.
D-U-E-L-E
Duelo viene de Dolor.
D-U-E-L-O
Separo las letras para que las puedas deletrear por dentro y ver el eco de su sonido.
Darles la importancia que tienen.
Pues todas las personas atravesamos, solo por ser Humanos, Dolor.
Dolor al Perder algo o alguien.
Nos educaron en el Ganar.
Y nos olvidaron de que Perdemos a menudo.
Muy a menudo.
Forma parte de nuestra experiencia humana.
Y el Dolor surge en sus múltiples formas e intensidades.
Un Dolor visceral, auténtico. Que está Vivo, tiene Vida propia.
Si nos dejamos entrar en él, si nos dejamos penetrar por él, ciclo tras
ciclo, oleada tras oleada...podremos saber cómo es y cómo reconocer si es él.
Sin medias tintas, sin dobleces.
Solo así.
Ya van 5 meses. Y tengo una pequeña descripción de lo que es el dolor en carne viva.
Te lo envío en un Poema.
Yo llevo un dolor encima puesto.
Yo llevo un dolor encima puesto,
Que tiene vida propia
Alberga su forma, color y textura.
A ver si trato de explicarme:
Es un puñetazo con guantes de boxeo de los grandes en
la boca de mi estómago
Es una continua opresión en mis costillas
Son alfileres puntiagudos clavándose en mi encogido
diafragma
Es una gran mano aplastando y estrujando mi corazón e
impidiéndole latir
Es una soga de cuerda áspera apretando mi garganta
Es una estaca que me atraviesa desde mi ano a mi
cuello. Por detrás, erecto y rígido. Bien Rígido.
Es como si me estuviera goteando sangre de las venas
de mis brazos
Es como si me hubieran vaciado el seso de los huesos
Es como si me hubieran tirado bien fuerte del pelo en
una pelea de patio
Es como si me hubieran arrancado a jirones cada
centímetro de mi piel
Es como si me hubieran vaciado las vísceras y el vacío
lo ocupa todo, haciendo un gran eco en mi interior.
Yo llevo un dolor encima puesto
Y se llama la muerte de mi hijo.
Un hijo lactante,
Un hijo en mi piel.
Siento que a instantes me desvanezco, me desintegro,
me pierdo.
Y trato de buscar algo que me dé seguridad.
Ir corriendo al espejo para saberme ahí, o apretar
fuerte tu pulsera que llevo en la muñeca, o buscar el latido de mi corazón.
Aquí es donde me doy cuenta que,
Tu muerte, es la Mía.
Pues me pierdo, no me encuentro.
Igual que cuando te parí, nací yo.
Cuando has muerto, he muerto yo.
¿Sabes lo que es parir un ser, y verle morir, siendo niño?
Son ganas de desaparecer, de hacerte añicos y de
vomitar el asco que ocupa todo mi ser.
Asco.
Yo llevo un dolor encima puesto,
Y es de por Vida.
Es un Dolor que no tiene fecha de caducidad.
Quizás sí de intensidad.
Esta herida del alma es bien profunda y bien amarrada.
Sobre todo porque Amor, no podré verte más. No podré
verte ir al cole, no podré ver tu mochila ni llevártela, no podré negociar
contigo a qué hora vuelves a casa, ni interesarme por con quién sales. No podré
apretujarte más por la noche. No podré. Y esto no se cura.
Yo llevo un dolor encima puesto,
Y se llama Pablo.
Mi Gran Amor. Y mi Gran Dolor.
Yo llevo un dolor encima puesto
Y el tuyo,
¿Cómo es?
Ay. Me leo y es duro leer estas palabras. Se me hace increíble leerme.
Pero ha ocurrido. Poner palabras hace que me comprenda mejor. Es importante para mi salud mental y emocional, créeme. Se trata de intentar no enfermar. Pues así, cuando aparece, ya le veo venir. Le huelo. Y me preparo. Me cuido. Siempre que puedo. A veces no he podido. Y de eso voy aprendiendo.
Sabes, hasta ahora no he tenido esta habilidad. Viví un duelo muy traumático por mi padre. Fue
feo aquello. Era joven. Hice lo que pude. Tapé el dolor durante 8 años, estando en la más pura negación de
la partida de mi padre. 8 AÑOS no son 8 meses. Son 8 Años. Sufriendo muy
intenso a diario y obsesionándome con el trabajo para escapar del dolor. ¿Te
das cuenta cuanto tiempo perdí en ello?
Pero es que no sabía. Tenía unos bloqueos enormes. Y es que aprendí de bien pequeña. Quizás como tú, como todas, a sobreponerme como podía a la ausencia de ayuda para sostener mi dolor. Y en estas circunstancias, nuestros cerebros entran en respuesta de huida, lucha o congelación. Son nuestros mecanismos de defensa mentales. Que son, en consecuencia, físicos. El cuerpo expresa lo que la mente no comprende: tensiones en la espalda, insomnio, apretar la mandíbula, no respirar bien, dolor de estómago, migrañas, gases continuos. Todas son respuestas somáticas a resistirnos a la emoción o dolor que no supimos en su momento sostener en su expresión, porque era demasiado, y tuvimos que protegernos así.
Sobrevivir o Morir. Así lo entendió nuestra mente.
Llegamos a Adultas blindadas.
Y entonces, Ahora. ¿Cómo podemos deshacernos de ellas? ¿y sentir el dolor: el verdadero dolor?
Me imagino que a cada uno nos llega nuestro momento de des-blindarnos. Las pérdidas de seres amados son momentos realmente duros que lo estimulan. Las crisis existenciales otros. Las separaciones de pareja otros. La maternidad y paternidad otro.
En mi caso, comencé a soltar capas de sufrimiento con mi despertar espiritual a mis 28 años. Estaba harta de sufrir en mayúsculas. Mis ganas de acompañar mejor a las personas en consulta me llevaron aquí, a querer crecer interiormente. Pues sabía que una no podía vivir así de mal por dentro. Era una certeza. La vida no podía ser esto que yo estaba viviendo por dentro. Así transcurrieron años mejorando y adentrándome en mi dolor emocional, a la par que encontraba fuerza y calma interior.
Cuando llegó mi embarazo y Parí sin anestesia ya viví la experiencia de dolor física más brutal a la que una mujer se puede enfrentar. Fue un momento Clave.
Después de parir, emergió un dolor enorme, digo, Gigante. No sabía de donde venía. Y no se iba. Y ahí estaba yo con mi criatura sintiendo un dolor enorme. Si hubiera ido al médico, me hubieran diagnosticado depresión postparto. Lo nombro para asociarlo y cantarlo al mundo. Pues así es. Y a muchas nos pasa. Aunque sea un poquito.
Era un dolor que diría de casi una vida. Mi dolor por mi padre comenzó a fluir libre, sin ataduras. También, la pérdida de la familia ideal que siempre había anhelado y por la que tanto había luchado. Y la cual no tenía. Y mis dolores infantiles, todos ellos bien arrejuntados.
Conforme pasaban los meses, pude crear una balsa de dolor. La visualizo como un cuenco donde he ido creando un cemento o sostén en el cual se vierte el dolor. Y según cae más dolor, más estable se hace. Más firme.
¿Sabes? el amor que sentía por mi hijo me ayudaba a que este cuenco se hiciera más firme y grande. Pues el Dolor, necesita del Amor.
Recuerda: Dolor + Amor = Posibilidad de superación. Abrazo y Contención.
El mismo día que Pablo se fue, me aterrizó un pensamiento nuclear de un Voz muy potente interior: “Ahora, Noe, ante esta inmensidad, vas a enfrentar el dolor como es. Tal y como es. Será horrible, sí. Pero qué más te da. Después de esto, lo siguiente es la Muerte” (Supe, desde un Lugar muy profundo, que mis experiencias anteriores con las pérdidas me estaban preparando para este Colofón Final. Digo Final con la boca pequeña, cruzando los dedos. Pues Sé, que, No Sé Nada. Y puede no ser el Final. Todo puede ocurrir, incluso ahora).
En este momento, además, me encontraba bastante "en cueros", es decir, a cruda piel. Con el corazón abierto. Sentía que muchas corazas habían desaparecido. Una fuerza y una sinverguenza se instaló dentro de mí para afrontarlo. Pues, ¿Qué más podía perder? ¿La cordura? ¿Las bragas? Cuando encuentro las fuerzas, pues a muchas veces no puedo moverme, trato de colocarme como si fuera a Morir mañana. Me copio de Leyva..."hazlo, como si ya no te jugaras nada, como si fueras a morir mañana, aunque lo veas demasiado lejos..." Hazlo tú también. Hazlo. Haz eso que nunca te atreviste. Eso que ves en otras y piensas: uy, yo ni loca. Hazlo. Verás qué bien.
Además, le pongo paciencia y lentitud. Sin forzar. Tratando de no adelantar nada, pero tampoco tapar nada. Hago lo que puedo, también te digo. Hay veces que siento que mi sistema tapa y me da una tregua, porque es Inmenso. Y no es sostenible vivir en este dolor.
Pero en general, y de esto va el post, de contarte recursos y mis procesos,
voy reconociendo al más mínimo detalle mis concisos límites y mis íntimas
necesidades. Te cuento un ejemplo:
Los primeros días me fui de mi casa a la casa de la
Sierra. Estaba medio paralizada y volada. No pude salir de la casa
en 15 días. Salir de la cama ya era un logro sobrehumano, comer otro, hablar
otro y caminar otro. Me lo permitía todo. Recibía terapia diariamente. Venían
muchas amigas y personas mañana y tarde. Estaba siempre acompañada. Este apoyo
y amor me daba energía para sobrevivir. Insisto: hablo de supervivencia.
Además, estaba muy conectada con Pablo, le sentía conmigo. De verdad. Estaba.
(está y estará). Me lanzaba mensajes a través de inspiraciones, dibujos,
sueños…era impactante. Fue y sigue siendo mi principal ansiolítico para la crudeza
que estaba viviendo.
A los 15 días salí por primera vez a una terapia grupal en familia. Me montaba por primera vez en Coche. Tenía Miedo. No podía ver más allá de la valla. No quería ver ni un ápice de ningún rastro de vida. Llevaba guardaespaldas ficticios (buenas amig@s) a mi lado. Necesité ayuda para salir del coche. Al finalizar la terapia, tuve una conexión brutal con la Fuente, y con esto me refiero, con el Universo, la energía cósmica, la consciencia cósmica. Encontré fuerza. Y me propusieron ir a mi casa, ya que estábamos cerca. Decidí intentarlo. Dar pasos hacia adelante. Probarme. Además, la vida hizo que tuviera que ir a ver mi coche, para coger las llaves de mi casa. Mi coche lo habia dejado en las manos de Dios y ni sabía donde estaba. Después, con ya solo estar cerca de las calles donde pasaba mi vida con Pablo era un auténtico logro. Cuando llegué al portal, me quedé sintiendo qué pasaba dentro de mí. Me di unos instantes de silencio. Algo me dijo: sube o te arrepentirás, en el buen sentido de la palabra. Mi casa es sinónimo de fuerza, de superación, de calor, de hogar. Y por eso, allá que subí. A buscarlo. Estuve quizás apenas 1 minuto, pero lo hice. Y no me quedé más tiempo del que no podía, tampoco. Me dió fuerza, a la vez que un tremendo bajón de existencia. Todo unido. Todo cabía.
Al Dolor le pongo Amor, Compasión, Valentía, Paciencia y Fe. Todo batido y mezclado. Y servido en una fuente de mil colores. Colores oscuros, y también brillantes. Pues el dolor no se va. El dolor está, va y viene. Forma parte.
Y Así reconozco el dolor.
Y Así graduo mi dolor.
Y Así pude, y puedo,
Poco a poco,
Comenzar.
A intentar vivir.
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