Un poema. Tetita y Cuevita de pies. La simbiosis física y espiritual.
Te has ido de aquí, de mi vera.
De mi piel, de mis pechos, de mi barriga, de mis brazos.
No puedo soportarlo.
Quiero tocar tu pelo, masajearte los pies, oler tu piel, también tu pis, besar tus labios, cogerte de la mano.
Hacer nuestra cuevita de pies: tú, ya tan grande, a lo largo, entre mis pechos y mis piernas, acurrucado.
En cualquier esquina, en cualquier lugar.
Era capaz de tirarme al suelo.
Siempre había cuevita de pies.
Estuviéramos donde estuviéramos.
No había impedimentos, nada lo dificultaba.
Mamá, tetita. ¿Ésta te duele?
Sí, amor. Mejor la otra.
Vale. Respondes contento.
Y chupabas.
Chupabas con ferviente intensidad.
Y comías Amor, aliento, caricias, energía, libido.
Pues no había ya leche.
Pero no te importaba ni un poco.
Tu querías lo otro.
Tú me muestras lo esencial del mamar.
Yo te acariciaba, masajeaba.
A veces me volaba.
Mi mente traia mil y unas comprensiones acerca de mi proceso vital.
Acerca de nosotras.
Nos fundíamos: nuestras mentes y almas se entrelazaban.
Cuerpos y Almas al unísono.
A pesar de las constantes críticas,
No existía nada más.
Tan solo nuestro Amor.
Solo suena poco.
Con todo nuestro Amor, diría Infinitud.
Y me quedo con esto.
Con que hice lo que me dio la real gana.
Y menos mal. Imagínate si no.
Mi Vida, Mi Ratón, Amoreto, Amorillo, Amor, Corazón.
Tengo el alma desconsolada.
No estoy preparada para esto.
O sí, dicen los guías.
O sí, me susurras tú.
Yo no quiero.
Te anhelo hasta el infinito, hijo.





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