Lo que observo que me pasa a nivel psicológico



Ahora escribo acerca de mi dolor. de mis procesos de dolor terrenal. 

* Un dolor que nace de mis entrañas físicas, de las capas más profundas de mi cuerpo, de mi instinto. Es mi CRÍA, ¿quién me la quitó? Un rayo que parte mi cuerpo. Estruja mi útero. Encoge estómago. Colapsa mis pulmones. Entumece mis pechos. Ahoga mi garganta. Mi sistema nervioso está colapsado, en la supervivencia, en el trauma. No hay sentido a esta locura física. Un latigazo me recorre y me parte continuamente en 2.

*Tu ausencia me conecta con mi propia soledad que de momento no puedo sentir a fondo, solo olerla. 

* Mi dependencia física y emocional a tí. Cómo no. Expectativas, planes, conversaciones, miradas. Pensar en quién ibas a ser, en cómo te iba a apoyar, en cómo nos íbamos a nutrir juntos. Todo lo que me aportabas, todo lo que movías dentro de mí y a lo que me aferraba para encontrar la felicidad. Era muy feliz contigo, hijo. Estaba totalmente expandida a tu lado. Teníamos un vínculo tan especial, tan fácil, tan fluido...¿por qué ha desaparecido, tal y como era? Darte seguridad, amor, protección en momentos difíciles para tí era mi sentido, mi propósito. Pues de esta manera podía nutrir a mi niña herida. Podía compensar lo que no tuve. Tu partida me dice que para tí ya fue suficiente. y yo me quedo así, desolada, a medias, desnutrida.

*La negación e incredulidad. No puede ser. Es una pesadilla. ¿por qué me ha pasado esto a mí? ¿qué he hecho para merecer esto? ¿por qué me pasa una de las cosas más duras que pueden ocurrir? Si todo estaba bien, ya estaba conociendo más la plenitud y la estabilidad conmigo. He dado pasos de gigante a nivel interior estos 3 años, tal y como mi maternidad y tú me estabais guiando...¿por qué tiene que terminar así? ¿por qué debo hacer un nuevo comienzo? No me cabe a ningún nivel que no estés. No me entra en mi pequeña mente racional. Jamás se me pudo pasar por la cabeza que podría perderte. Jamás podría pensar que fueras a irte con 3 años. Ni con 50. Es algo que no cabe, que no entra, que ni siquiera asoma en la mente de una madre. La angustia y la ansiedad me comen.

Me quiero morir, no me merezco esto...también forma parte de una parte de mi muy anclada, muy vívida, que me viene de casta. y me hace sufrir mucho. Es mi Yo Mártir. 

*La confusión. O locura mental. Fue tan de repente, tan de un plumazo. Es tan intenso el dolor que siento al no verte, tocarte y olerte que me disocio, me descoloco. Se me va la cabeza. ¿Dónde está nuestra vida? ¿Dónde estás, corazón? ¿Qué hago en casa de mi madre, donde apenas venía? ¿Qué hago viendo el mar, sin tí? ¿Qué hago en una clase de yoga, si "tendría" que recogerte a las 21.00 h? Es algo que estoy definiendo como esquizofrenia transitoria, en la que me disocio del mundo terrenal y me abandono en una pompa emocional disociativa con pensamientos del tipo..."me abandono al destino", "pronto te voy a ver en el otro plano", "hago esto y aquello y en breves nos encontraremos"...

*La rabia. Con la vida, con el universo. Quizás es la única que me mueve hacia adelante, hacia el "voy a ir hasta el final ya de mí misma, muéstramelo todo y cuando acabes, me moriré". Esto me lleva a intentar hacer todo aquello que nunca me atreví, porque ahora ya no tengo nada que perder, porque lo he perdido todo. La rabia también me lleva a ponerme pactos de tiempo conmigo misma, pues no puedo pensar en el futuro, solo en lo inmediato. Esta Yo la he llamado Mi Yo Insolente. 

* La ruptura interna de la Noe de antes. la Noe Madre, ésta que tanto me gustaba y que ahora, lógicamente, veo poco. la Noe que comenzaba a darse ratos de Mujer. No existe, quedan restos habitando e integrándose en mi interior. Pues gracias a tí, corazón, desplegué la autoafirmación, los límites, la confianza en mí, la fuerza interior, mi tierra, el placer y el goce...y los pude unir con lo que había previamente: la entrega sin límites, la templanza, la sensibilidad, la dulzura, la compasión...y todo junto, se ha integrado o sigue integrándose en mí. 

Ahora intuyo que viene la etapa de la exageración, del performance. Del "me da igual lo que piensen los demás", del desenfreno...esta Noe está aún por salir. Y digo intuyo porque desde que no estás, igual me da salir en bragas a la terraza, como gritar a pleno pulmón en casa, como llevar calcetines con chanclas...cosas que para mí eran impensables. Vengo de un entorno que da mucha importancia a las apariencias y al físico. Que la ropa pegue, que esta camiseta le guste a mi amiga, que me miren por mi ropa, que no piensen que he engordado, que no me miren el grano...vengo de aquí. De obsesionarme con agradar físicamente y que mi cuerpo estuviera lo más delgado posible, mi tripa plana y mis pechos firmes. La paradoja, es que nunca pude conseguirlo, porque ese no es mi cuerpo. Y cuando comencé a aceptarlo, poco a poco, con mucho sufrimiento, me sentí más liberada. Y si bien ya estaba soltando pautas de este tipo desde que parí, con mis vaivenes claro, porque es mi tema, el tema donde flaqueo, ahora después de tener que soltarte, no me sale otra cosa que ignorar la culpa, la perfección y la verguenza que siento por mi físico. Ya nada importa. Me hallo totalmente desnuda. Esta es mi Yo Extravagante.

Presto mucha atención a lo raro, a lo que llevaría pero nunca me atreví. En los intensivos de danza contact mis ojos se abren como platos recibiendo toda la información: calcetines fucsias con pantalón amarillo de chandal y camisa de mariposas, 5 pinzas en la cabeza haciendo un moño con los pelos locos, pelos por todo el cuerpo de mujer mostrándose sin pudor, hombres con uñas pintadas de gris...Me dan igual porque, ya lo he perdido todo. TODO. Perderte a tí me ha dejado literalmente desnuda. y materialmente sin casa y sin trabajo. No queda nada, tan solo CENIZAS. 





Comentarios

Entradas populares