Dolor, recursos y creatividad
18-septiembre
Pues lo cierto es que siento que ha pasado un fuerte ciclo de conmoción. 18 días sin tregua sobreviviendo y sobreponiéndome como he podido al inmenso dolor de la ausencia física. Tanto es así, que ni apreciaba las señales que Pablo me enviaba.
Ahora es como si algo se hubiera colocado por dentro, como si una pequeña
aceptación de tu ausencia, hijo, estuviera asomando la cabeza. Desconozco lo
que se avecina ahora, pero mientras tanto, trato de apreciar que respiro algo mejor.
Sí observo que hay una mayor tristeza, asociada a la ligera aceptación que está
apareciendo. Yo sé que esto es variante y cíclico y que las famosas 5 fases del
duelo van bailando en función del tipo de pérdida, la capacidad interna de
gestionar el dolor y los pensamientos, el acompañamiento…
Concretamente, en este ciclo de conmoción, caracterizado por la negación de
lo ocurrido, he estado reviviendo el trauma del hospital y los días que le
siguieron, con las consecuencias mentales, físicas y emocionales que ha traído.
Esto te lo he contado en los anteriores posts.
Quiero contarte cómo me he sobrepuesto al dolor y desgarro, qué es lo que ha
ayudado a que mi sistema nervioso pueda regularse:
-Rituales nocturnos: agua caliente, lavanda, romero, incienso, música
ancestral o de piano, infusión de tila y hierbaluisa. Si mi ansiedad es grande,
tiro a veces de un ansiolítico (nunca había tomado, pero ahora ayudan si no me
funciona lo anterior).
-Salidas a la naturaleza: montañas y árboles altos, que me abrazan. Lagos
profundos. Me he bañado en pantanos de día, y también de noche. También he
acudido al Mar, el gran océano y su fuerza. Un día en Galicia, me di un baño
desnuda en una esquina donde nadie podría llegar. Yo y el Mar. Pablo, Yo y el Mar.
Bajadas escarpadas en acantilados y quedarme minutos escuchando el romper de
las olas, respirando fuerte, mirando bien fijo al infinito mar que se funde con
el cielo, con el paraíso…Baños de barro por mis manos y de forma espontánea,
por todo mi cuerpo. Un bálsamo para mi piel alterada.
-Aprender a escalar con mi hermano, aunque me quisiera morir en ese momento.
Recuerdo un día, en Peñalara, arriba alto tras una gran caminata, sentía dentro
de mí un desasosiego tan grande, que reía y lloraba a la vez. Parecía borracha
perdida. Decidí coger aire y probar a entender el mecanismo de la cuerda de
escalada con el chisme este que asegura al que escala y la palanquita para
luego bajarle. Hice tal esfuerzo, tal tal esfuerzo mental, que cuando acabamos,
bajando por la ladera de la montaña, de repente me tuve que parar en seco porque “algo” me visitó. Algo que
identifiqué como la conciencia. La contemplación. Sentía la brisa del
viento en mi piel como un profundo masaje. Observaba como si fuera la primera vez cada flor, cada hoja, su lento y preciado movimiento.
Ahí estaba yo. Y yo también era la flor y la hoja. Así apareció en mi
consciencia la frase “Estoy conmigo, estoy aquí”. Y guau, volví a mi centro y
pude, durante unos minutos, regresar a la calma.
-Gritar cuando lo he necesitado, a pleno pulmón. Y forzarlo también si no me sale la voz. Tratando de hacerlo desde el abdomen, aunque me cuesta más.
-Coger un palo y dar golpes contra el suelo, pin pan, pin pan. Soltando,
respirando. Agitándome la boca del estómago y abriendo el pecho.
-Correr. Parar. Correr.
-Pintar con acuarela, pintar mandalas. Simplemente coger una pintura y alzar
la mano, dejándola caer sobre el papel. Total, no tengo nada que hacer, nada
importa, solo este instante presente donde estoy viva de momento y quiero salir
de la oscuridad como sea, mientras lo esté.
-Danza Improvisada y Contact. Ya llevaba algunos meses practicando y esta
base y seguridad en que me hacía bien, me ha impulsado a salir a alguna clase y
algún retiro. Este tipo de danza me ha ayudado a conectar con mi cuerpo, pues
es una danza de cuidados. Una danza de respeto, y de contacto conmigo primero,
para después contactar con el otre. He descubierto la poesía del movimiento y
la expresión del alma a través del cuerpo. Ver otros cuerpos danzar es Tan
Bello. Hay tanta belleza y poesía del alma haciéndose paso, que mi dolor se
calma esos instantes donde Todo se para para mí.
Estos recursos a veces han aparecido, otras han nacido de mí y otras los he forzado, es decir, lo he hecho sin más, porque mi impulso por salir del inmenso malestar y dolor me ha llevado ahí.
¿Cómo
surge la creatividad? Bien, pues aunque parezca muy raro, la creación ocurre
también. Y es después de la destrucción. Y la destrucción interna a la que llegas
tras sostener mucha intensidad de dolor es enorme. Y este dolor es, como te comentaba
en otros escritos, tan de las entrañas, que te parte, te parte entera. Te
cuento un ejemplo de cómo resurgí tras sostener mucho dolor y angustia.
Ha sido al retirar y cambiar la sala
de juegos de nuestra casa. Esto ha ocasionado un profundo vacío en mi interior,
un hueco enorme… La salita, corazón. Cuánto amor, dedicación, reflexión y
cuidados puse ahí para ti. Cuántos ratos jugando juntos, a la plasti, a pintar,
a construir. Cuántos ratos tu solo, y cómo me encantaba escuchar como jugabas
con tus vehículos y te montabas una historia entretenida. Me encantaba escuchar
tu voz, tan dulce, tan amable. Esta estancia simbolizaba nuestra relación. Y simbolizaba el anhelo de mi niña de tener su propia sala de juegos. Y
con este calibre, vaciarla han sido palabras mayores…
Lo que pasó fue que me permití el profundo llanto. Respiré el dolor, recorriéndome
desde el útero hasta la boca. Me agobié, me ahogué. Y después, apareció la
rabia. Esta emoción medio nueva para mí, con la que llevo contactando desde
hace quizás 1 año. Una energía con una capacidad de superación bestial. Una
emoción que tira hacia adelante en pos de la creación. Y ahí, aquel domingo,
acompañada de algunas de mis personas bonitas, colocamos y redistribuimos las
estancias y lo que nació ha sido maravilloso. ¿Gracias a qué? Al sostén, el
Amor y la Rabia Ordenada. Todas juntas abriéndose paso. De hecho, minutos antes
de esto, nos encontrábamos charlando en la terraza acerca de la sumisión con el
hombre y nuestras propias historias personales. Todo iniciado al ver una caja
de mi salón en la que aparecía una mujer pintada con
cara muy complaciente y sumisa. Bah, no me representa, pensé. Con mi rabia activa, decidí tirarla.
Qué simbólico, tiré mi sumisión a la basura.
Me he dado cuenta, que en medio de tanto destrucción y vacío, hemos podido construir y crear. Es increíble. Lo había experimentado con otras pérdidas, pero pensaba que con ésta no iba a ser capaz, el dolor es muy intenso y paralizante muchos ratos. Pero esta vez ocurrió. Y así pude comprobar que desprenderme de lo material es muy duro, pero que dentro habite la sensación de tenerte, me calma en lo hondo. Y sé que bailaré de un lugar a otro, pero que exista la rabia y la creación, es sin duda, un Milagro. Gracias, mi Corazón Alado.





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