La Muerte, el Dolor, y Dios: Buen trío. Parte 1.

Hola, bonit@

Una de mis últimas reflexiones tiene que ver con este trío, tan tan relacionado entre sí. 

De la muerte al dolor y del dolor a Dios. de Dios a la muerte y de la muerte al dolor. y del dolor a la muerte: etcétera. Llevo bastantes semanas escribiendo acerca de esto. Deseo que pueda llegarte.

Te voy a contar cosas que no he aprendido a través de teoría ni formaciones académicas o profesionales. Y las tengo. Pero No. No ha sido la principal vía. Lo he adquirido a través de contactar con el dolor, el sufrimiento, y la angustia a costa de la muerte difícil de los amores de mi vida, pues, es lo que me llevó a una profunda búsqueda de cosas a las que no encontraba sentido. Sí, terapia transpersonal y meditación fueron como la balsa que me acompañaban, pero las verdaderas respuestas las he encontrado tras una honda profundización en mí misma.

Este post comenzó cuando este noviembre, por la fecha de los difuntos, cuando reflexionaba lo diferente que es Vivir y estar en la Vida después de una pérdida al experimentar muertes apacibles y amables o, por el contrario, cuando son muertes trágicas/traumáticas/silenciadas.

Muertes apacibles son aquellas muertes en las que la persona que se marcha tiene tiempo de darse cuenta de que finaliza su tiempo aqui y ahora comienza un nuevo viaje. muertes en las que los familiares pueden estar, acompañar, despedirse y estar con la persona que marcha. muertes de personas mayores dulces y sin sufrimiento. muertes sin sufrimiento. muertes orgánicas.

¿Y muertes trágicas? muertes inesperadas. muertes en las que no puedes despedirte. muertes en las que no puedes estar con el cuerpo de tu ser amado. muertes violentas. muertes de asesinatos. muertes de niños y bebés. Estas muertes suelen llevar un componente de trauma añadido, es decir, no solo es la pérdida y el proceso de duelo que se abre para digerir la pérdida, sino la fragmentación interior que ocurre cuando sucede lo nombrado arriba con circunstancias que no nos permiten responder de forma efectiva y orgánica porque no tenemos recursos para afrontarlo. Te quedas des-unida adentro. Estas muertes suelen ser silenciadas porque es como si nos cortaran la garganta y el torax por la mitad. Nos quedamos sin habla.

En mi camino de vida, he vivido ambos tipos. Pero con más impacto muertes traumáticas. Y han tenido impacto porque han sido de las personas que más amaba y de las que más dependíaAmbas cosas son esenciales para digerir la pérdida. Ambas cosas es importante que te las preguntes. Sí. Dependía emocionalmente de mi Padre y también de mi Hijo. Creo que como muchas. Además, ellos eran jóvenes, y yo también...Sabes, se me rompió algo adentro cuando, en una terapia grupal para Madres, varias dijeron: "lo que más siento, es que eres una Madre muy joven". Yo, hay veces, que si me echan lava en la cabeza no me enteraría (esta es la forma de contarte que no tengo palabras que describan mi dolor). La soledad -no compartir el dolor intrínseco tal y como es- que he vivido en ambas y mi edad han añadido fuego al coctel del sufrimiento al trauma.

Continuar en la Vida después de este tipo de pérdidas se me asemeja a subir sola un montaña helada sin equipación y ningún conocimiento. ¿ahora cómo continuas? ¿qué hay que hacer? ¿dónde vas? ¿puedo reir? ¿puedo quedarme tirada sin hacer nada? ¿donde está el oxígeno? ¿me voy a morir yo? ¿cuando? Se habla de fuerza de voluntad para superar un duelo traumático, cuando verdaderamente es cosa de encontrar sentido a tu existencia. y continuar cuerda, lo cual no es poca cosa. esto no se entiende desde la mente, y en muchos de estos horribles ratos, una no sabe desde dónde se entiende. Así me pilló en mis 20, sin saberlo. Hice lo que pude. A mis 37, sorpresivamente, bastante más preparada internamente, he podido, levemente, considerarlo de otro modo. Pero ¿y qué? ¿esto como se hace? pues una solo lo sabe caminándolo. hora tras hora. minutos. segundos. respiraciones. latidos.

¿Dónde está, el sentido de estas pérdidas? No hay una explicación lógica. Lo que puede llevarnos a encerrarnos más ahí, en la confusión, la incredulidad y el apego, o bien caminar hacia el dolor y las emociones que aparecen como fruto de la ausencia de la persona amada, lo cual es bien arduo y sufrido.  Sin embargo, ya que he caminado ambas cosas, me posiciono: en el encerramiento mental, acabé en diferentes adicciones y ansiedades, sin medicarme, pero ahí estaba. La verdad que jamás volvería a ese lugar, sufría mucho porque estaba muy desconectada de mí. Sin embargo, acercarme al dolor me ha permitido reconocer a un Maestro: en el dolor he encontrado un sostén, una sabiduría y una fortaleza que desconocía de mí. Es decir, se abrió un camino al sentido, a mi Sentido existencial. Así, entonces, me puedo conocer y saber quién soy y para qué vivo. Puedo entregarme a darme Amor a mí misma, pues, ¿sabes? en el mismo cuarto donde está el dolor se encuentra el Amor. Por tanto, el dolor, es el botón interior que nos ayuda a conectarnos con nosotras mismas.

La verdad que somos muchas generaciones teniendo un verdadero problema con el Soltar. A algunas nos pasa que necesitamos que nos echen lejía y amoniaco para soltar, incluso aquello que nos hace verdadero daño y no nos satisface. A otras nos pasa que cortamos como una apisonadora -ZAS- sin calcular el desparrame colindante que se genera alrededor. Debajo de todo ello: el miedo al Dolor.

Y es que perder duele, no hay tu tía. Es así. Si de niñas nos dijeran a todas: "amor, vas a perder muchas veces y va a doler, pero es transitorio y vas a conocerte mejor" nuestras vidas estarían mucho más plenas y calmas. Ya lo creo! Con el miedo que le tenemos al dolor viajamos directamente a la Muerte. El Miedo a morirnos o a que se mueran quienes amamos es el origen de muchas de nuestras ansiedades, fobias, dependencias, y patologías. Y es uno de los principales miedos que rigen nuestras relaciones. Sí, parece loco, pero cuando indagas un poco, te das cuenta que tiene sentido. que si tenemos miedo a que mi hijo se caiga, es por si se va a morir (perderle), que si discuto mucho con mi padre y está enfermo, él puede empeorar y morir (perderle). Con este miedo a morir, a menudo, no es un morir físico, sino un morir simbólico. Pues si discuto con mi pareja y no hago lo suficiente, él puede marchar (perderle). Cuando convivimos muchos años con la enfermedad de un familiar o una pareja, es una continua relación con el miedo a morir, esto es un duro camino emocional. Si nos relacionamos con estas posibles muertes desde el miedo, elaboramos pautas de conducta y de relación dependientes, pues necesitamos apoyarnos en algo exterior para poder seguir caminando en la vida medio funcionales. No te creas que es algo que hagas aposta o hagas mal, sino que no cuentas con otro recurso para seguir aquí medio bien. Eso sí, qué importante darnos cuenta de las emociones y conductas que se nos despiertan debido al miedo. Por ejemplo: un exceso de control con la persona, obsesiones con sus conductas que nos pueden llevar a malinterpretaciones y sugestiones hacia ellas, aferrarnos a ellas y no soltarlas, o por el contrario, alejarnos de ellas pero consumir sustancias o manipularlas verbalmente con el tema. El antídoto: la confianza, que es un sucedáneo del Amor. y también, por supuesto, la Conciencia. Para activar nuestra Conciencia, que es nuestro todo y tampoco nos lo cuentan, algunos ingredientes necesarios son el silencio, la naturaleza y la respiración. La Conciencia no es la capacidad de reflexión o raciocinio, ésto es mental. La Conciencia es algo que nos habita y que observa. Es la activación de nuestra Alma.

Otra cosa esencial que he descubierto desde hace años es que nuestra relación con la Muerte determina la manera en la que vivimos. Me he dado cuenta (aunque ahora he visto que un libro se titula así), que según morimos, es como hemos vivido. En la pregunta que me hago a mí misma:  ¿Cómo ha sido mi relación con la Muerte? Durante muchos años fue con un verdadero sufrimiento existencial. Mi niña y mi adolescente se preguntaba: ¿a dónde vamos? ¿por qué desaparecemos? ¿por qué un día está bien y después, ya no le veo? ¿me pasará a mí lo mismo? ¿le pasará esto a las personas con las que ahora vivo y a las que amo? Un sinfín de preguntas me atormentaban, sobre todo en la noche. De hecho, tenía miedo a que llegara la hora de ir a la cama. Comencé a perder a gente amada con la que vivía diariamente de forma bastante seguida. Primero a mi abuelo y mi abuela paternas en pocos años, de enfermedades, y eran bastante jóvenes: 50 y 54. Pero lo que más impacto tenía en mí es que no me explicaban a dónde iban (ahora sé que probablemente ni siquiera lo supieran mis referentes y que estuvieran igual que yo): ellos "simplemente" desaparecían de mi vista. y nadie volvía a hablar de ellos. ni una vela, ni un ritual, ni una risa. nada. desaparecían. Esto me generó una profunda angustia.  Me he dado cuenta ahora de adulta que pensaba que Yo iba a morir. Era algo de forma totalmente inconsciente, pero me entraba mucha ansiedad no controlar a donde iba mientras dormía. He debido de tener viajes astrales de pequeña y me daba miedo no regresar al cuerpo. Más de adolescente comenzaron mis quebraderos de cabeza y veía la muerte como un agujero negro inmenso al que iba a caer y esto me generaba profunda ansiedad. Mi padre enfermó y veía cerca su muerte, tengo escritos hablando de ello. Cuando pasó, yo tenía 20 años, y llevaba varios años negándome a mi misma que esto ocurriría. Esto hizo que no pudiera despedirme de él, entre otras cosas. El miedo hizo que negara la realidad. Me pasé 8 AÑOS -AÑOS!!!- instalada en la pura supervivencia. Haciéndome adicta al trabajo, pues tuve hasta 3 trabajos a la vez! Y nada me saciaba. Me encontraba, en lo más hondo de mí, con un sufrimiento horrible, una enorme culpa y enfado con mi padre, pero por debajo, descubrí, que el enfado era sobre todo conmigo, y más con Dios. Con Dios mucho. De hecho, mi sufrimiento existencial se debía a que asociaba la Muerte del cuerpo con el Fin. y lógicamente, era horrible. Es horrible. Como si no hubiera nada más, nada ni nadie, ni un lugar donde ir. Una relación con la muerte muy materialista y apegada al cuerpo. Como la que también nos infunde el sistema social y sanitario con la antinatural y fría gestión que hacen. Nos aterra nuestra mortalidad y nuestro fin y nos entretenemos con videojuegos, alcohol, fiestas, dinero y demás dependencias para anestesiar nuestro miedo a morir. ¿como va un profesional sanitario acompañar una muerte inesperada si ni él/ella misme ha mirado esto en sí misma? ¿si no hay recursos en los centros ni tan siquiera para ellos? Andamos muy perdidas con nuestra parte espiritual tan cerrada y viviendo encapsuladas en un pequeño Yo que sufre y que ve la vida desde la lente del miedo, la culpa, el exceso de control, el descontrol con el escape y el disfrute y la anulación del dolor. Te cuento cómo descubrí el otro camino en la siguiente Parte que saldrá en unos días. De momento, te dejo un poema escrito con amor:


El amor al sufrimiento en un corazón

Ey!hazme un hueco

No te emponzoñes

Y te aferres a este corazón

Déjale latir

Déjale sentir

Deja que el dolor se abra y expanda

Y que ocupe su espacio

Ey!cambia el chip

Me necesitas

Para que el rencor

No se siente a tu lado y se ponga la bata de estar en casa

Ey!dame la mano

Para que la desconfianza salga volando

Ey!deja que te dé calor

Pues tu frío continuo hiela el alma.

Ey!estoy a tu lado, te acompaño

Para que este corazón no se aisle

Y se pierda en el automatismo de la mente.

Ey!brillemos juntas.

Yo te ayudo, te veo y te cuido.

Ey!seamos buenos amantes.

Bailemos la danza del Ser,

Ésta que nos muestra que, somos cíclicas,

Y que, como tal,

soltar y renacer son los ingredientes estrella del plato llamado Vida.

Ey!Aquí te espero. Siempre estaré.


Comentarios

  1. El miedo a la muerte no es a la nuestra, es a la de los seres que amamos.

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