Relatos de mi actualidad-mix emocional presente-



Aquí sigo.

Con resquicios de mí.

Se me olvidó quién fui. 

Ahora, me descubro entre el dolor y el vacío.

Descubro una nueva yo. Una yo que, ha aprovechado el duelo para conocerse a sí misma.

Ya lo creo.

Si me lees desde hace tiempo, te sonará que, la primera frase que me vino a mi consciencia aquel terrorífico momento fue: "ahora vas a llegar hasta el final". Lo recuerdo como una promesa hacia mí misma. Desde mi Yo Superior a mi Personalidad, mi Ego. La rabia y la ira constructiva se abrieron paso como huracanes. Jamás lo había permitido así. Estaba en ello desde unos años antes, pero seguía teniendo miedo a estas emociones. y miedo, sobre todo, a las reacciones de los demás. Sobre todo, de aquellas personas de las que emocionalmente dependía. No fuera a ser que me dejaran de querer. Que me dejaran de aceptar. Así es la dependencia emocional: nuestras emociones dependen de las reacciones de otras personas. También tenía miedo a descubrir quién era si me permitía poner límites de verdad, si me permitía decir lo que pensaba SIN filtros (escucha, esto es difícil. Mucho), si me permitía perder la vergüenza de mi misma y cambiar lo que mi mente atribuye como error a hechos sin connotación negativa. Esas etiquetas negativas o automachaque que tanto me he dado a mí misma. 

Otra de las frases que cayeron a plomo fue: "Esto tiene que tener algún sentido espiritual. Es tan loco, es tan impredecible, es tan horrible, tan irracional, que tiene que haberlo.". Así me conecté, sin querer, con la búsqueda de un sentido. Ya sabía y había integrado en mi corazón que en otras experiencias muy dolorosas para mí lo había encontrado. Por tanto, ¿cómo no iba a tenerlo esta?

Me encuentro con bastante desidia. ¿Te suena? Fíjate, cuando murió mi padre, también de una forma traumática para mí, no me la permití. No podía caer. Si caía, mi madre caía detrás. Había una promesa con ella. Una lealtad muy fuerte. Incluso cuando tuve trastornos de la conducta alimentaria, salí sola de ellos (al menos de la parte grave a la que estaba llegando de cabeza). No enfermé. Cuando nació Pablo y caí en una depresión fuerte, tampoco enfermé. He pasado gran parte de mi vida generando una estructura mental sólida. Llevo años sorteando la enfermedad mental, y es algo de lo que me he dado cuenta durante este proceso de duelo. He sentido que es como si me hubieran puesto experiencias graves para probar mi cordura. Pues pienso que a la enfermedad y la salud las distancia un hilo muy fino en situaciones extremas. Tan fino, tan fino, que una en cualquier momento de crisis extrema puede cambiarse de bando. Influyen muchos factores, sí, es cierto. Pero a veces, en experiencias tan críticas, ni factores ni factoras. Concreto, además, que cuando digo que estoy muy cerca del trastorno o enfermedad mental lo que quiero decir también es que les comprendo bastante bien. Me he dado cuenta de la enorme sensibilidad que tienen las personas con trastornos mentales. Sin embargo, su mente racional no ha sabido gestionarla. Las personas sensibles conectan/conectamos con planos sutiles que no se ven con los sentidos, con las emociones y pensamientos de las demás personas, con energías que están presentes y las demás personas no perciben. Nos cuesta bajar a tierra. Por ello, debemos cuidarnos. Nuestra mente muchas veces no lo entiende, y las personas importantes para nosotras probablemente tampoco nos entiendan si lo contamos. La sociedad y los sistemas no incluyen la sensibilidad emocional y psíquica. Y esto es la Guinda del Pastel. Pues aquí es cuando la inseguridad, soledad y demás sensaciones incómodas se hacen bola, los pensamientos se dañan y viramos a, por ejemplo, pensamientos neuróticos (trastornos compulsivos, fobias crónicas) o pensamientos psicóticos (psicosis como esquizofrenia), que lógicamente, han tenido un previo. Y nuestra mente no tenía una base o estructura sólida donde "aposentar" las experiencias sensibles. Sabes, las personas que nos consideramos sanas mentalmente también tenemos "nuestras cosillas": es bien reconocerlo en alto. En este tiempo de duelo, se me han acercado y les he tenido muy presentes. Esto me ha ayudado a comprenderles y comprenderme mejor. Mi abuela Vicenta -paterna- era auxiliar de personas con discapacidades y síndrome de down. Han venido a mí recuerdos del tiempo en mi infancia que pasaba con ella acompañándoles, les recogíamos en sus casas con su citroen xm burdeos y les llevábamos al colegio. Cuando mi abuela murió, al poquito, nació mi prima Rocío, con síndrome de down. Yo nací el 21 de marzo, el día del síndrome de down, por el triple cromosoma 21 que tienen (21-3). Este octubre fui a una charla de prevención del suicidio perinatal en pos de comprender a mi tía Charo. Una vez allí, en la sala de al lado, muy alto, se escuchaba por todo el pabellón: "PABLOOOOO, PABLOOOOOO" Yo, dije: a ver, tengo que ir, está claro. Me encuentro a una monitora gritando Pablo a un Chaval con Síndrome de Down que no se quería levantar. Sabes, apenas salgo de casa a eventos sociales. y ese día me encontré con aquello. Después ha estado un citroen xm super antiguo aparcado en mi portal todos estos meses. Creo que está bastante claro. A estas alturas del proceso, y habiendo pasado momentos realmente complicados a nivel mental, sé desde mi corazón que esta horrible experiencia es, sin duda, una prueba para que pueda reconocerme a mí misma mi fortaleza mental. Y también espiritual. 

Me he perdido que estaba hablando de la Desidia. Sí, antes no me la permitía porque dependía de otras personas. Pero ahora, no dependo de nadie. Tan solo dependo de mí, y por esto, me la puedo permitir. Es esta desgana vital en el que te da todo igual. y todo es todo. todo. todo. pero, con un matiz. y es que ya tengo 37. He vivido un rato. y en este rato he integrado en mí la compasión por las demás personas. entonces, tengo desidia con compasión. porque cuando hablo de aquella manera, pido cosas, digo la verdad y me pongo calcetines con chanclas, soy maja. jaja. y además, nunca me hubiera atrevido a decir esto así de mí, mi mente piensa: ¿cómo te atreves? y yo digo (ahora sí): y a mí qué más me da. y además, quizás pueda servir a quien me lea. para que puedas tu tambien tener desidia con compasión. all right.

Te cuento también que estoy cansada de llorar, de gritar, de estar triste, de tener ira, de estar frustrada, de echar de menos a pablo como si se me fuera la fuerza vital por la boca. Estoy harta. y lo peor es que esto no tiene solución. y de aquí, a veces viajo a la desidia, o bien a la conexión conmigo misma porque pienso: bueno, algo tendré que hacer aquí viva. y me pongo manos a la creación y al acompañamiento desde el lienzo en blanco que ahora veo delante de mí con los recursos que he aprendido hasta hoy.

Las comparativas son odiosas. y no puedo evitar compararme con otras madres: yo quiero ser una de ellas. Era una madre plena y feliz criando, que se esfumó. Quiero ser ella de nuevo. pero no puedo hoy y nunca jamás podré. Es algo tan injusto que no cabe en la magnitud del pecho ni de planeta tierra. Ha sido titirimundi en Segovia y he revivido en mi mente y mi corazón los momentos que pasé con Pablo el año pasado, que después terminábamos comiendo fuera juntas. Esto era toda una gestión logística y emocional cuando crías dando libertad y autonomía, pero no me importaba. Era algo que amaba TANTO. Comer fuera los 2. Compartir la comida era plenitud para mí. Por eso ahora como de pie, o de cualquier manera. Son tantos los momentos perdidos felices que no volverán, que, una no sabe donde encontrar ahora la felicidad. Se supone que adentro, ¿no? ah, sí, sería fácil si lloviera liviano. 

También me doy cuenta de otro aprendizaje de esta dura experiencia: mi relación con la Lucha. La lucha con las experiencias que me "toca" vivir. La lucha conmigo, la lucha con la vida que viene. Y esto ya, es como seguir subiendo un gran escalón de la dura prueba de la Aceptación. Sí. Luchamos porque no Aceptamos. No caemos, no nos rendimos. Somos fuertes. Pero es un fuerte de mentirijilla. Pues en esta lucha, dios mio, ¡la cantidad de energía que perdemos en el camino! Pues hay muchas experiencias y personas que no podemos cambiar. Muchas. Perdemos energía y tiempo, y empleamos tan poca en la aceptación. Tan poca. Ahora yo me digo: ¿pero cómo voy a aceptar que Pablo se ha ido para siempre? ¿cómo una madre acepta la pérdida de un hijo? me temo que es difícil. 

Intuyo y conozco que se trata de integración. Integrar lo vivido y experimentar una nueva forma de relación que Pablo y yo, a estas alturas de mi proceso, ya tenemos. 

Pero, por ahora, para mí no es suficiente. 

Y creo que, honestamente, 

nunca lo será.

pues yo quiero lo que tenía.



Comentarios

  1. Cuando te falta tu otra mitad, las frases del día son "y ahora qué"... y "para qué"... cuidate.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario